
Internacional, 31 de agosto de 2026.- El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, se vio obligado a ofrecer disculpas públicas tras un acto religioso durante su investidura que fue cuestionado por vulnerar la neutralidad religiosa del Estado. Un juez ordenó al mandatario abstenerse de conductas que evidencien inclinación hacia una confesión particular, tras la ceremonia del 7 de agosto donde participaron un sacerdote, un pastor y un rabino, pero no representantes de otras religiones como el islam.
Religión y política: un vínculo en auge en América Latina
De la Espriella, quien anteriormente se declaraba ateo y llegó al poder con apoyo de iglesias evangélicas, ha mantenido un discurso religioso que traslada a su gestión. En un retiro espiritual previo a asumir, enfatizó que para construir una nación sólida es necesario poner a Dios en el centro de cada decisión. Durante su discurso inaugural, mencionó a Dios en múltiples ocasiones y finalizó con un “que viva Cristo rey”, lo que generó críticas por parte de sectores que defienden la laicidad del Estado.
Este fenómeno no es exclusivo de Colombia. Líderes como Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina también incorporan referencias religiosas en sus discursos y políticas. Según expertos, esta tendencia refleja un intento de revertir avances culturales progresistas, apelando a valores tradicionales y religiosos para consolidar apoyo político.
Desafíos y perspectivas sobre la laicidad estatal
Especialistas como Bibiana Ortega y Cristóbal Bellolio señalan que, aunque para creyentes estas expresiones pueden ser coherentes, también tienen un componente estratégico para conectar con ciertos sectores sociales. Sin embargo, advierten que la región sigue mostrando diversidad religiosa y un avance hacia la secularización, como evidencian datos de Latinobarómetro que indican una caída del catolicismo y un aumento de personas sin religión.
En Colombia, la controversia sobre la mezcla de religión y política se intensifica en un contexto donde el presidente ha nombrado a figuras cristianas ultraconservadoras en su gabinete y ha utilizado términos como “Fondo Milagro” para iniciativas gubernamentales. A pesar de las críticas, De la Espriella asegura respetar la separación Iglesia-Estado y garantizar derechos sin distinción.
El debate sobre el papel de la religión en la política latinoamericana continúa abierto, con implicaciones para la identidad cultural y la convivencia democrática en la región.
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