
Seattle, Estados Unidos, 1 de julio de 2026.- La ciudad de Seattle ha dado un paso significativo para atender la escasez de viviendas para la clase media mediante la compra del edificio Elara at the Market, un complejo de lujo de ocho plantas con 150 apartamentos ubicado en el barrio de Belltown. Este inmueble, adquirido por la autoridad pública Seattle Social Housing Developer (SSHD) por 61 millones de dólares, se convertirá en un modelo de vivienda social que busca atender a familias cuyos ingresos son demasiado altos para acceder a viviendas públicas tradicionales, pero insuficientes para el mercado privado.
Un modelo inspirado en Viena para la vivienda social
Elara, situado cerca del mercado Pike Place y conocido por sus amenidades como gimnasio y terraza con vistas al estrecho de Puget, alberga actualmente a empleados de empresas como Amazon que pagan alquileres superiores a los 2,000 dólares mensuales. Sin embargo, con esta adquisición, Seattle pretende transformar el edificio en un espacio de vivienda social para inquilinos de ingresos bajos y medios, siguiendo un modelo similar al de Viena, donde casi la mitad de los residentes viven en viviendas subvencionadas sin importar su nivel de ingresos.
Este enfoque difiere de las viviendas públicas tradicionales o de los proyectos privados con subsidios gubernamentales, ya que busca crear un sistema de vivienda pública que incluya a la clase media, un segmento que ha quedado fuera de las opciones disponibles hasta ahora.
Seattle Social Housing Developer planea adquirir más de 1,000 apartamentos y construir 600 nuevas unidades en los próximos cinco años para ampliar esta oferta. Mientras tanto, en Elara, se han congelado los alquileres para los actuales residentes y se han destinado 15 unidades vacantes a personas con ingresos de hasta el 50 % del ingreso medio del área.
Bilal Durrani, gerente de Amazon y residente de Elara, expresó su sorpresa al recibir la notificación de la compra pública, pero valoró la congelación de su renta y la eliminación de cargos adicionales. “Me alegra que la ciudad esté haciendo algo”, comentó, reflejando la incertidumbre y esperanza que genera este experimento habitacional.
Financiamiento y críticas al modelo
La iniciativa cuenta con respaldo político en Seattle, donde el costo de la vivienda se ha duplicado en la última década y los alquileres han aumentado un 75 %. En 2023, los votantes aprobaron la creación de un organismo público para desarrollar viviendas sociales para personas con ingresos de hasta el 120 % del ingreso medio del área. Además, un impuesto específico a empresas con altos ingresos, como Amazon y Microsoft, financia esta estrategia.
No obstante, el modelo ha recibido críticas de expertos y actores del sector empresarial que cuestionan su eficacia y señalan que los recursos podrían destinarse mejor a viviendas para personas de bajos ingresos. Jamie Madden, consultora en desarrollo de vivienda asequible, señaló que la promotora social ha invertido millones sin lograr construir suficientes unidades nuevas para los más necesitados.
Este modelo rompe con el esquema federal tradicional basado en créditos fiscales para desarrolladores privados, que limita el acceso a quienes ganan más del 80 % del ingreso medio y expira tras 15 o 30 años, permitiendo que los alquileres suban a precio de mercado.
Seattle sigue el ejemplo del condado de Montgomery, Maryland, que financió con 100 millones de dólares proyectos de vivienda social para ingresos mixtos sin depender de créditos federales. La directora interina de SSHD, Tiffani McCoy, destacó que la vivienda debe concebirse como infraestructura pública, similar a bibliotecas o carreteras, para evitar la dependencia del mercado privado.
Este cambio en la política habitacional de Seattle representa un esfuerzo por atender la crisis de vivienda desde una perspectiva pública e inclusiva, aunque enfrenta desafíos operativos y políticos que marcarán su evolución en los próximos años.
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