
NUEVA YORK (AP).— A un año y medio de haber asumido la presidencia con la promesa de reducir costos y evitar conflictos internacionales, Donald Trump enfrenta un escenario adverso marcado por el encarecimiento de la energía, una guerra en escalada con Irán y un desgaste político que amenaza la posición de su partido rumbo a las elecciones de mitad de mandato.
El conflicto, iniciado tras ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní hace más de un mes, ha generado incertidumbre en la opinión pública y tensiones dentro del propio Partido Republicano. La reciente caída de un avión de combate estadounidense en Irán, con un tripulante rescatado, contradijo las declaraciones del mandatario sobre la supuesta debilidad militar de Teherán.
Durante un mensaje en horario estelar desde la Casa Blanca, Trump afirmó que su administración está “en camino” de cumplir los objetivos militares en breve, aunque simultáneamente advirtió que los ataques continuarán en las próximas semanas.
“Gracias al avance que hemos logrado, puedo decir esta noche que vamos por buen camino para completar pronto todos los objetivos militares”, declaró . Sin embargo, añadió que “vamos a golpearlos extremadamente duro las próximas dos o tres semanas”.
El discurso no logró disipar las dudas sobre el rumbo del conflicto ni su impacto económico. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, ha provocado un aumento en los precios de los combustibles. El galón de gasolina alcanzó un promedio de 4.08 dólares, casi un dólar más respecto al final de la administración anterior, de acuerdo con la Asociación Estadounidense de Automovilistas.
A nivel político, estrategas republicanos advierten un escenario complejo. Neil Newhouse, encuestador del partido, anticipó un contexto electoral adverso: “Se avecina un noviembre muy difícil”, señaló al referirse al riesgo de perder el control del Congreso . De forma privada, líderes republicanos reconocen que la Cámara de Representantes podría cambiar de manos y que el Senado también está en disputa.
El tema de Irán ha generado divisiones internas. Mientras figuras como el senador Lindsey Graham respaldan la estrategia presidencial y califican el mensaje como “el mejor discurso que podría haber esperado”, otros líderes han optado por evitar el asunto en público . Incluso la exrepresentante Marjorie Taylor Greene criticó abiertamente el enfoque del gobierno. “Todo lo que escuché fue GUERRA, GUERRA, GUERRA. Nada para bajar el costo de vida”, expresó en redes sociales.
I wanted so much for President Trump to put America First.
That’s what I believed he would do.
All I heard from his speech tonight was WAR WAR WAR.
Nothing to lower the cost of living for Americans.
Nothing to reduce our near $40 trillion in debt.
Nothing to save Social Security,…— Former Congresswoman Marjorie Taylor Greene🇺🇸 (@FmrRepMTG) April 2, 2026
El desgaste también se refleja en la opinión pública. Según una encuesta de AP-NORC, alrededor de 6 de cada 10 adultos consideran que la acción militar ha ido demasiado lejos, y una proporción similar se opone al despliegue de tropas en territorio iraní . Solo cerca de un tercio aprueba la forma en que el presidente maneja el conflicto.
En términos generales, la aprobación del mandatario se mantiene en torno al 40%, sin variaciones significativas desde el inicio de su segundo mandato . Esta estabilidad en niveles relativamente bajos limita su margen político para impulsar decisiones controvertidas.
Analistas comparan la situación con conflictos pasados. A diferencia de George W. Bush, quien obtuvo respaldo inicial tras la invasión de Irak en 2003, Trump no ha logrado consolidar apoyo amplio en las primeras etapas del conflicto. El estratega republicano Ari Fleischer señaló que el mandatario será evaluado principalmente por los resultados de la guerra más que por su narrativa. “En última instancia, se le va a juzgar por sus resultados”, afirmó.
El tiempo se perfila como un factor determinante. Una resolución rápida podría mitigar el impacto político y económico, especialmente si se reducen los precios del petróleo y se estabilizan los mercados.
Sin embargo, una prolongación del conflicto implicaría mayores costos humanos, presión fiscal —ante la solicitud del Pentágono de 200,000 millones de dólares adicionales— y un desgaste político creciente.













