
Ciudad de México, 3 de agosto de 2026.- El crimen organizado en México ha evolucionado del robo tradicional de gasolina a la producción propia mediante minirrefinerías clandestinas, revelan decomisos federales recientes. Estas instalaciones ilegales procesan hidrocarburos para generar combustibles que luego se venden en el mercado negro.
El caso más reciente ocurrió el 24 de julio en Reynosa, Tamaulipas, donde autoridades desmantelaron dos centros de procesamiento. En la principal, ubicada a 1.5 kilómetros de un cuartel de la Guardia Nacional, se aseguraron 3 millones 769 mil 500 litros de hidrocarburo. En otra planta alterna se incautaron 109 mil 400 litros.
Estos centros no son refinerías completas, aclaró la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sino instalaciones que realizan procesos más simples para convertir crudo robado en diesel y gasolinas de bajo octanaje. La sofisticación técnica y logística de estos grupos criminales se extiende al menos por seis estados del país.
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Minirrefinerías clandestinas y su impacto en México
Desde 2022, se han reportado decomisos de plantas similares en Jalisco, Nuevo León, Veracruz y Querétaro. Estas instalaciones operan sin permisos ni medidas de seguridad, representando riesgos ambientales y para la población. Por ejemplo, en Coatzacoalcos, Veracruz, se aseguró una planta capaz de producir diesel artesanal y solventes, que funcionaba sin regulación.
Las organizaciones criminales suelen ocultar estas minirrefinerías en zonas industriales o ejidos, disfrazándolas con negocios legales como recicladoras o chatarreras. Esto facilita la circulación de camiones cisterna con combustible ilegal.
Venta en internet y vacío legal favorecen la producción ilegal
Un factor que ha impulsado esta evolución es la venta abierta en plataformas internacionales como Alibaba, donde se ofertan equipos para minirrefinerías desde 2,500 hasta 700,000 dólares. La legislación mexicana no regula la compra ni importación de estas maquinarias, lo que permite su entrada legal al país.
Expertos señalan que la instalación requiere conocimientos técnicos en petroquímica, pero la infraestructura puede adquirirse y montarse en pocos meses. La falta de inteligencia y detenciones en los operativos dificulta frenar esta actividad ilícita.
El avance de las minirrefinerías clandestinas representa un reto para la seguridad energética y ambiental en México. Las autoridades federales continúan operativos para desmantelar estos centros y evitar la expansión de este delito.
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