
Internacional, 1 de septiembre de 2026.- El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, impulsado por el expresidente Donald Trump, enfrenta importantes desafíos para reabastecer las reservas petroleras estratégicas estadounidenses. Aunque el plan contempla aprovechar las vastas reservas venezolanas, expertos advierten que no resolverá el problema a corto plazo.
Trump anunció que Estados Unidos tiene ahora una participación mayoritaria en 17 yacimientos petrolíferos venezolanos, con acceso a 65 mil millones de barriles de reservas probadas, cifra que supera ampliamente las reservas estadounidenses. El objetivo es usar este petróleo para rellenar la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), que se encuentra en su nivel más bajo desde 1982.
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El acuerdo incluye una participación de hasta 35% en una empresa conjunta con North American Blue Energy Partners (NABEP), controlada por la familia de Alejandro Betancourt López. NABEP planea invertir 100 mil millones de dólares en infraestructura para aumentar la producción petrolera en Venezuela. Sin embargo, la Casa Blanca aclaró que el Gobierno estadounidense tendrá capacidad de veto en la junta directiva y podrá comprar parte del petróleo producido.
Limitaciones técnicas y políticas para reabastecer reservas petroleras
El petróleo venezolano es pesado y no cumple con los requisitos del Departamento de Energía para almacenarse en la SPR. Adaptar las instalaciones para este tipo de crudo implicaría costos y dificultades operativas que superan los beneficios. Por ello, la mezcla actual de petróleo ligero es suficiente para emergencias, según una revisión estratégica de 2016.
Además, la producción venezolana, aunque ha aumentado a 1.2 millones de barriles diarios, está lejos de los niveles previos a la crisis política y económica. La infraestructura petrolera requiere inversiones a largo plazo para recuperar su capacidad máxima.
Perspectivas y alternativas para la estrategia energética
Expertos señalan que el acuerdo no es una solución inmediata para la baja en la SPR. Trump reconoció que el impacto del acuerdo tardará años en materializarse. El Congreso debe aprobar las compras de crudo para reabastecer la reserva, lo que añade complejidad política.
Una alternativa propuesta es vender el petróleo venezolano en el mercado abierto y usar esos ingresos para comprar crudo ligero estadounidense, que sí puede almacenarse en la SPR. Este mecanismo permitiría sortear obstáculos técnicos y políticos, aunque no resolvería la urgencia actual.
De esta forma, la colaboración entre Estados Unidos y Venezuela podría asegurar a largo plazo el acceso a crudo pesado para refinerías del Golfo, pero no aliviará pronto la disminución de las reservas estratégicas.
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