
La presidenta Claudia Sheinbaum ha generado un fuerte debate nacional tras sus recientes declaraciones sobre el uso del fracking en el norte del país. Durante años, la mandataria se mantuvo en contra de esta práctica, pero ahora sostiene que es posible realizarla bajo un esquema que no sea el tradicional. Este cambio de postura busca, principalmente, reducir la enorme dependencia que México tiene del gas natural importado desde los Estados Unidos.
El objetivo central de este viraje es alcanzar la soberanía energética, incrementando la producción nacional de gas para abastecer a la industria y generar electricidad. Actualmente, gran parte del combustible que se usa en México proviene del extranjero, lo que deja al país vulnerable ante cambios de precios o de suministro. Al abrir la puerta a la explotación de yacimientos no convencionales, el gobierno espera duplicar la producción de este recurso en la próxima década.
El giro hacia las nuevas tecnologías de extracción
La presidenta argumenta que el fracking clásico, conocido por gastar muchísima agua y usar químicos tóxicos, ya no es la única opción disponible. Su propuesta se basa en aplicar métodos modernos que permiten el reciclaje del agua y el uso de sustancias menos dañinas para el medio ambiente. Según su visión como científica, estas herramientas tecnológicas permitirían extraer el gas de las rocas sin causar el daño ecológico que se veía hace diez años.
Sin embargo, muchos expertos y grupos ambientales aseguran que el fracking siempre conlleva riesgos, sin importar qué tan “moderno” se le llame. El proceso sigue necesitando inyectar millones de litros de agua a presión, lo cual es preocupante en zonas del norte de México que sufren sequías constantes. Además, existe el temor de que la extracción libere gas metano, el cual es mucho más potente que el dióxido de carbono para calentar el planeta.
Desafíos políticos y sociales del nuevo proyecto
Este cambio de rumbo ha sido visto por algunos críticos como una contradicción a las promesas de campaña de la llamada “Cuarta Transformación”. Resulta evidente que ahora parece ser que la mandataria apoya al fracking de forma abierta, a pesar de que fue una de sus críticas más vocales y constantes durante muchos años. Esto ha causado que varios sectores que apoyan el cuidado del medio ambiente se sientan confundidos o incluso traicionados por la nueva política energética.
Finalmente, queda pendiente ver cómo reaccionarán las comunidades locales en estados como Coahuila, Nuevo León y Chihuahua. Estos habitantes no han sido consultados de forma oficial y temen por la contaminación de sus pozos de agua y la salud de sus familias. El éxito de este plan dependerá de que el gobierno demuestre con estudios reales que estas tecnologías son seguras y que los beneficios económicos no pasarán por encima de la protección del entorno.













