
Internacional, 1 de agosto de 2026.- Policías encubiertos lograron resolver un asesinato ocurrido en Londres hace más de cuatro décadas. El 3 de julio pasado, Michael Stewart, de 57 años, y Anthony Stewart, de 60, fueron condenados a cadena perpetua por la muerte de Anthony Littler en 1984.
Anthony Littler, un funcionario público de 45 años, fue atacado brutalmente en un callejón cerca de la estación East Finchley. Recibió dos golpes en la cabeza y murió sin que se robaran sus pertenencias. Durante 42 años, el caso permaneció sin resolver, a pesar de varias investigaciones fallidas.
La Policía Metropolitana de Londres reabrió el caso y, en 2023, inició la Operación Snowpitch. Esta estrategia incluyó la instalación de dispositivos de escucha en la casa y vehículos de los hermanos Stewart, además de la infiltración de dos agentes encubiertos en la vida de Michael Stewart para obtener confesiones.
Los agentes encubiertos lograron que Michael revelara detalles del crimen, señalando a su hermano y a otros cómplices como responsables del ataque. Durante el juicio, la jueza Cutts destacó que el grupo atacaba a hombres homosexuales, aunque no había pruebas de que Littler fuera gay.
Detalles de la investigación y operación encubierta
El inspector jefe Neil John explicó que la investigación fue compleja debido a la falta de pruebas físicas y testigos vivos. El equipo reconstruyó el caso con documentos antiguos y testimonios familiares, lo que permitió diseñar la operación encubierta que captó las confesiones clave.
Michael Stewart fue grabado admitiendo que su hermano y sus amigos atacaron a Littler durante un intento de robo. Además, un lapsus durante un interrogatorio lo situó en el lugar del crimen, confirmando su participación.
Impacto y consecuencias del caso resuelto
Para Patricia McLure, familiar de la víctima, la condena representa un alivio tras décadas de dolor. Aunque la justicia no puede devolver la vida a Anthony Littler, sí permite cerrar un capítulo oscuro y reconocer la verdad. Los hermanos Stewart enfrentarán penas mínimas de 10 y 15 años respectivamente.
Este caso destaca cómo la perseverancia policial y las técnicas encubiertas pueden resolver crímenes antiguos, incluso cuando la ciencia forense no aporta pruebas directas.
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