
República Democrática del Congo, 6 de julio de 2026.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó un total de 506 muertes y 1,561 casos confirmados por el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC), donde la cepa del virus identificada es la Bundibugyo, para la cual aún no existe vacuna ni tratamiento aprobado.
Este brote, declarado oficialmente el 15 de mayo en la provincia de Ituri, en el este del país, representa la décima séptima epidemia de ébola en la RDC. Además de Ituri, las provincias de Kivu Norte, Kivu Sur y Alto Uelé también han registrado casos.
La OMS indicó que en Uganda se han confirmado 20 casos y dos muertes relacionadas con esta misma cepa, lo que refleja la expansión regional del virus.
La agencia sanitaria de la ONU informó que la semana pasada comenzó un ensayo clínico para evaluar dos tratamientos experimentales contra la cepa Bundibugyo. Asimismo, autorizó el uso del primer test de diagnóstico molecular para detectar esta variante del virus.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) alertó sobre las condiciones precarias de agua, saneamiento e higiene en los campos de desplazados internos en Ituri, donde más de 273 mil personas enfrentan necesidades urgentes. Estas condiciones dificultan la contención del virus y aumentan el riesgo de contagio.
El ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales y puede causar fiebre hemorrágica y falla multiorgánica. En los últimos 50 años, ha provocado más de 15 mil muertes en África. El brote más letal en la RDC ocurrió entre 2018 y 2020, con cerca de 2,300 fallecimientos de un total de 3,500 casos.
Brote actual y desafíos sanitarios
El brote del virus Bundibugyo representa un desafío adicional para las autoridades sanitarias, debido a la ausencia de vacunas y tratamientos específicos. Las acciones de respuesta continúan, pero la falta de financiamiento limita la capacidad de los equipos en terreno, especialmente en zonas con alta concentración de desplazados.
Respuesta internacional y perspectivas
La OMS y sus socios humanitarios trabajan en la implementación de medidas para mitigar la propagación, incluyendo el diagnóstico rápido y la evaluación de nuevos medicamentos. Sin embargo, la situación requiere una mayor atención y recursos para evitar un incremento en los contagios y muertes.
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