Por Redacción Editorial

Hay números que dan tranquilidad. Y hay números que, cuando uno empieza a abrirlos, producen más preguntas que respuestas.
En su Cuarto Informe de Gobierno, la administración de Mara Lezama tiene una cifra de seguridad que luce particularmente bien: la reducción del homicidio doloso.
Y hay que comenzar reconociendo lo evidente: el dato existe.
El Gobierno Federal informó que, comparando el primer semestre de 2025 con el mismo periodo de 2026, el homicidio doloso en Quintana Roo disminuyó 60 por ciento. Si se toma como punto de partida septiembre de 2024 y se compara el promedio diario con junio de 2026, la reducción alcanza 85 por ciento.
Hasta ahí, aplausos para la estadística.
El problema comienza cuando alguien comete la imprudencia de seguir leyendo las tablas.
Dolosos, culposos y el curioso arte de las cajitas
Durante el primer cuatrimestre de 2026 se registraron en Quintana Roo 50 homicidios dolosos y 330 homicidios culposos, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo citadas públicamente por la senadora Mayuli Martínez.
Además aparecen 57 casos dentro de “otros delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal” y 58 tentativas de homicidio.
La senadora panista ha utilizado estos números para acusar al gobierno de “maquillar” las estadísticas mediante reclasificaciones.
Esa acusación es política y, hasta ahora, no existe evidencia suficiente para afirmar que la Fiscalía de Quintana Roo esté deliberadamente tomando asesinatos y convirtiéndolos estadísticamente en otra cosa.
Pero los números sí permiten hacer preguntas.
Y algunas son bastante incómodas.
Porque una cosa es mirar exclusivamente la cajita denominada “homicidio doloso” y otra muy diferente abrir el archivero completo.
La reducción cambia dependiendo de qué cajón abramos
Tomemos los primeros cuatro meses de cada año.

En 2024 se registraron 193 homicidios dolosos.
En 2025 fueron 107.
En 2026 quedaron en 50.
La caída entre 2024 y 2026 ronda, por tanto, el 74 por ciento.
Es espectacular.
Pero ahora hagamos otro ejercicio: sumemos los homicidios dolosos y culposos registrados.

En 2024 fueron aproximadamente 492.
En 2025, 397.
Y en 2026, 380.
Aquí también existe una reducción y sería absurdo negarla.
Pero ya no estamos hablando de 74 por ciento.
Entre 2024 y 2026, el total disminuye alrededor de 23 por ciento.
Y si comparamos solamente 2025 contra 2026, pasamos de 397 a 380: aproximadamente 4 por ciento menos.
Curioso.
El homicidio doloso se desploma.
El conjunto de homicidios, bastante menos.
Eso no prueba un engaño.
Pero ciertamente merece una explicación.
Y justo en 2026 cambiamos la forma de contar
Para añadir un poquito de diversión estadística al asunto, en enero de 2026 entró en operación una nueva metodología nacional para registrar la incidencia delictiva.

No fue una ocurrencia de Mara Lezama ni una clasificación inventada por Quintana Roo.
Es un cambio nacional que deben aplicar las fiscalías estatales.
El nuevo Registro Nacional de Incidencia Delictiva amplió y reorganizó las categorías utilizadas para registrar los delitos.

Y entre ellas encontramos ahora esos 57 casos de Quintana Roo clasificados dentro de “otros delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal”.
¿Son homicidios?
No necesariamente.
¿Podemos sumarlos a los homicidios y decir que hubo 437 asesinatos?

Tampoco.
¿Tenemos derecho a preguntar qué delitos concretos están dentro de esos 57 expedientes?
Por supuesto.
Sobre todo cuando simultáneamente se está celebrando una reducción histórica del homicidio doloso.
Y entonces aparecen los desaparecidos
Aquí la estadística se vuelve todavía más delicada.
De acuerdo con Red Lupa, con información del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, 2025 concentra 393 personas que continúan desaparecidas en Quintana Roo, la cifra anual más alta de la serie reciente.

El acumulado de personas desaparecidas y no localizadas también ha seguido creciendo.
Y eso nos lleva al Cuarto Informe.
El documento presenta un dato que, nuevamente, suena extraordinariamente bien:
Durante el primer semestre de 2026 se registraron 524 cédulas de búsqueda.
De ellas, 455 corresponden a personas localizadas y solamente 69 permanecían activas.
El gobierno destaca, por tanto, una efectividad de localización del:
87 por ciento.
Casi nueve de cada diez.
Magnífico.
Solamente falta una pequeña pregunta:
¿Localizadas cómo?
Porque en desaparición de personas existe una diferencia bastante importante entre:

“localizada con vida”
y
“localizada sin vida”.
Un detalle menor, quizá, para una presentación de PowerPoint.
Para una familia, probablemente no tanto.
68 personas aparecieron muertas
Un recuento periodístico elaborado a partir de fichas oficiales y actualizaciones de la Fiscalía de Quintana Roo encontró que durante el primer semestre de 2026 al menos 68 personas reportadas como desaparecidas fueron posteriormente localizadas sin vida.
En el mismo periodo de 2025 habían sido 47.
Eso representa un incremento cercano al 45 por ciento.
Hay que hacer aquí una aclaración fundamental.
Los 68 casos del recuento periodístico no pueden restarse directamente de las 455 localizaciones mencionadas en el Cuarto Informe, porque las fuentes utilizan universos y metodologías diferentes.
Tampoco podemos afirmar que esas 68 personas fueron asesinadas.
Una persona localizada sin vida pudo haber muerto por homicidio, accidente, suicidio, enfermedad u otra causa.
Precisamente por eso la pregunta resulta tan interesante:
¿De qué murieron?
Y, sobre todo:
¿En qué estadística terminaron?
El desaparecido que aparece muerto
Supongamos que una persona desaparece.
Se activa una ficha de búsqueda.
Meses después encuentran sus restos.
La persona deja entonces de estar simplemente desaparecida y pasa a estar localizada sin vida.
Pero todavía falta determinar qué ocurrió.
Si la investigación establece que fue asesinada, deberá existir la correspondiente investigación penal.
Si murió accidentalmente, será otra clasificación.
Si la causa permanece indeterminada, será otra historia.
Por eso sería extraordinariamente útil conocer algo que el discurso político normalmente no explica:
De las personas desaparecidas localizadas sin vida en Quintana Roo, ¿cuántas terminaron registradas como víctimas de homicidio doloso?

Porque ahí comenzaríamos a cerrar el círculo.
Las estadísticas no necesariamente mienten; a veces simplemente no conversan entre ellas
Ese quizá sea el verdadero problema.
Por un lado tenemos:
homicidio doloso: ↓↓↓
Por otro:
total de homicidios: ↓, pero mucho menos.
Después:
personas desaparecidas acumuladas: ↑
Y además:
desaparecidos localizados sin vida: ↑
Y desde 2026:
nuevas categorías estadísticas.
Cada cifra puede ser perfectamente correcta dentro de su propia base de datos.
La pregunta es qué ocurre cuando las ponemos juntas.
Porque la seguridad pública no se experimenta en columnas de Excel.
Una familia no pregunta si su hijo terminó en la columna A, B o C.
Pregunta dónde está.
Y si aparece muerto, pregunta quién lo mató.
Entonces, ¿bajaron los homicidios?
Los registros oficiales dicen claramente que el homicidio doloso sí bajó.
Y sería irresponsable negar ese resultado.
También disminuye el conjunto de homicidios si tomamos una perspectiva de dos años, aunque considerablemente menos que el homicidio doloso.
Lo que todavía no podemos afirmar es que toda la violencia letal haya disminuido en la misma proporción que la cifra utilizada en el discurso oficial.
Mucho menos podemos afirmar, sin pruebas adicionales, que existe una operación deliberada para esconder asesinatos en otras categorías.
Entre ambas afirmaciones existe un enorme territorio que se llama rendición de cuentas.
Y quizá bastaría con que las autoridades publicaran algo bastante sencillo:
Cuántos homicidios fueron dolosos.
Cuántos culposos.
Qué contienen exactamente los denominados “otros delitos contra la vida”.
Cuántas personas desaparecieron.
Cuántas fueron localizadas con vida.
Cuántas fueron localizadas sin vida.
Y, de estas últimas, cuál fue finalmente su causa de muerte y clasificación penal.
Nada revolucionario.
Sólo poner todas las cajitas sobre la misma mesa.
Porque cuando un gobierno presume una reducción histórica de homicidios, la ciudadanía tiene derecho no solamente a celebrar que bajó un número.
También tiene derecho a preguntar:
¿Bajaron los homicidios… o bajó principalmente la casilla que estamos mirando?

Y esa respuesta no debería depender ni del optimismo del gobierno ni de las acusaciones de la oposición.
Debería estar en los datos.


















