
Internacional, 30 de julio de 2026.- Científicos han identificado al gusano del diablo, un nematodo que habita a 1.3 kilómetros bajo la superficie terrestre. Este organismo, llamado Halicephalobus mephisto, desafía las condiciones extremas de temperatura y presión que predominan en la corteza profunda.
El hallazgo se realizó en la mina de oro Beatrix, Sudáfrica, donde investigadores filtraron grandes volúmenes de agua subterránea a 37°C y capturaron este pequeño gusano. A diferencia de otros nematodos, este gusano se adhiere a las paredes rocosas y se reproduce por partenogénesis, lo que le permite sobrevivir sin necesidad de apareamiento.
El gusano del diablo mide apenas el grosor de varios cabellos humanos, pero es un actor clave en su ecosistema subterráneo, alimentándose de bacterias y contribuyendo al ciclo de vida en esas profundidades. Su descubrimiento en 2011 cambió la percepción científica sobre la vida en zonas profundas de la Tierra, antes consideradas inhabitables.
Adaptación al ambiente extremo del gusano del diablo
Estudios genómicos realizados en 2019 revelaron que este nematodo posee una elevada cantidad de genes que codifican proteínas de choque térmico. Estas proteínas protegen a otras moléculas del daño causado por las altas temperaturas, lo que explica su capacidad para prosperar en un ambiente que alcanza los 37°C.
Además, investigaciones recientes muestran que el complejo IV, una molécula esencial para el consumo de oxígeno, funciona eficientemente solo a temperaturas elevadas. A temperatura ambiente, esta molécula se desactiva, ralentizando la producción de energía y la actividad del gusano.
Origen y supervivencia en las profundidades terrestres
El origen del gusano del diablo en las profundidades sigue siendo un misterio. Se plantea que pudo haber descendido desde la superficie transportado por el agua, posiblemente facilitado por actividad sísmica. Por otro lado, algunas bacterias que forman parte del ecosistema subterráneo podrían haber permanecido allí durante millones de años, incluso desde la fragmentación del supercontinente Pangea.
Este descubrimiento evidencia la capacidad de adaptación de organismos en ambientes extremos y plantea nuevas preguntas sobre la biodiversidad oculta en el subsuelo profundo. La investigación continúa para entender mejor cómo estas formas de vida sobreviven y se reproducen en condiciones tan adversas.
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