
Internacional, 7 de septiembre de 2026.- El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas advirtió que el fenómeno climático El Niño podría causar inseguridad alimentaria a 16 millones de personas en América Latina. La directora regional del PMA para Latinoamérica y el Caribe, Lena Savelli, informó que la sequía derivada de este fenómeno afecta gravemente la producción agrícola en la región.
El Niño eleva las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial, alterando patrones de lluvia y viento a nivel global. Según Savelli, este evento podría ser uno de los más intensos en décadas, con impactos severos en la disponibilidad de alimentos.
Honduras, uno de los países más afectados, mantiene en alerta al 80% de su territorio desde agosto debido a la sequía. Además, El Salvador y Panamá han declarado estado de emergencia para enfrentar la crisis climática. La sequía prolongada pone en riesgo las cosechas y los medios de vida de miles de familias.
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Impacto de El Niño en la seguridad alimentaria
El Corredor Seco Centroamericano, que incluye partes de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, es una de las zonas más vulnerables. Allí, la falta de lluvias afecta la producción agrícola y aumenta la inseguridad alimentaria. Savelli destacó que las consecuencias para las familias afectadas serán duraderas, ya que la pérdida de cultivos limita su acceso a alimentos y recursos económicos.
Desde abril, el PMA ha desplegado asistencia humanitaria en la región, entregando raciones alimenticias y apoyos financieros a productores. Sin embargo, la demanda supera los recursos disponibles, lo que dificulta la respuesta ante la crisis.
Perspectivas y medidas ante la crisis climática
La Organización Meteorológica Mundial alertó que El Niño alcanzará su punto máximo a finales de 2026 y podría ser el más potente en 40 años. Sus efectos se prolongarán hasta 2027, lo que implica un reto para los países latinoamericanos para mitigar el impacto en la seguridad alimentaria y la economía rural.
La situación exige una coordinación regional para fortalecer la resiliencia de las comunidades afectadas y garantizar el acceso a alimentos básicos. Mientras tanto, la ONU y organismos internacionales continúan monitoreando el fenómeno para ajustar la ayuda y las estrategias de respuesta.
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