
Internacional, 7 de septiembre de 2026.- A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, miles de bomberos y rescatistas del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) continúan enfrentando graves secuelas de salud. Un informe reciente revela que más de 12,000 miembros del FDNY presentan enfermedades vinculadas a su exposición en la Zona Cero, incluyendo cáncer, problemas respiratorios y trastornos mentales.
Joe Conzo, técnico de emergencias médicas del FDNY, recuerda aquel día con claridad. Estuvo en el World Trade Center durante el derrumbe y años después fue diagnosticado con cáncer de hígado y páncreas, atribuidos a las toxinas inhaladas. Actualmente está en remisión y dedica su tiempo a la fotografía, aunque lamenta la pérdida de muchos compañeros y el sufrimiento continuo.
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Impacto físico y mental en los rescatistas
El informe del FDNY indica que 10,562 miembros presentan afecciones físicas y 4,496 padecen trastornos mentales certificados. El cáncer afecta a 4,257 bomberos, con cerca de mil casos de múltiples tipos. Más de 600 han fallecido por enfermedades relacionadas con la exposición en la Zona Cero, muchas años después de los ataques.
Izzy Miranda, otro técnico de emergencias, trabajó durante tres días en la Zona Cero y sufrió problemas respiratorios y apnea del sueño. Su experiencia refleja el riesgo prolongado que enfrentaron quienes participaron en las labores de rescate y recuperación, que duraron casi un año tras los atentados.
Resiliencia y desafíos a largo plazo
La psicóloga clínica Paula Madrid explica que el trauma del 11-S persiste en la memoria de los sobrevivientes y rescatistas, afectando su salud mental. Sin embargo, también destaca la capacidad de resiliencia y crecimiento postraumático en muchos afectados. La “culpa del sobreviviente” es un fenómeno común entre ellos.
El envejecimiento de los sobrevivientes añade un nuevo reto para la salud pública. Más del 85% de los bomberos expuestos ya están retirados, y se estudian posibles consecuencias neurológicas y cognitivas derivadas de la exposición prolongada a toxinas. El seguimiento médico continúa siendo vital para detectar y tratar estas enfermedades a tiempo.
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