
Nueva York, 17 de junio de 2026.- Rex Heuermann, el asesino serial responsable de la muerte de ocho mujeres en la zona de Gilgo Beach, Nueva York, fue sentenciado este miércoles a tres cadenas perpetuas y 100 años adicionales de prisión. La condena se dio tras su admisión de culpabilidad en siete cargos de asesinato y su reconocimiento de un octavo homicidio.
El juez Timothy Mazzei, del condado de Suffolk, presidió la audiencia donde familiares de las víctimas expresaron su dolor y reproches hacia Heuermann. El acusado, de 62 años, aceptó su responsabilidad y manifestó arrepentimiento por los crímenes cometidos durante casi dos décadas.
El caso de Gilgo Beach cobró relevancia nacional desde 2010, cuando se encontraron varios cuerpos en la costa de Long Island. Las víctimas, en su mayoría jóvenes que trabajaban como prostitutas, desaparecieron entre 1993 y 2010. Entre ellas destacan Melissa Barthelemy, Megan Waterman y Karen Vergata, cuyos restos fueron localizados años después.
Heuermann fue detenido en 2023 tras un análisis de ADN que vinculó evidencias encontradas en las escenas del crimen con restos hallados en un trozo de pizza descartado por el acusado. Durante la investigación, la Fiscalía reveló que varios asesinatos ocurrieron en el sótano de su vivienda familiar, mientras su esposa y sus hijos estaban fuera.
Tras la detención, la esposa de Heuermann solicitó el divorcio y las autoridades descartaron su participación en los hechos. El caso ha sido ampliamente documentado y sirvió de base para la película ‘Lost Girls’, estrenada en 2020.
Detalles de la sentencia y repercusiones
La condena impuesta es simbólica en cuanto a que garantiza que Heuermann no volverá a salir en libertad. Además de las tres cadenas perpetuas, recibió cuatro sentencias de 25 años cada una. El juez Mazzei ordenó su inmediata detención tras la lectura del fallo, en medio de aplausos de los familiares.
Impacto en la comunidad y en la justicia estadounidense
Este caso ha evidenciado las fallas en la protección de mujeres vulnerables y ha impulsado debates sobre la seguridad en zonas costeras de Long Island. La colaboración entre el FBI y las autoridades locales fue clave para resolver uno de los crímenes seriales más prolongados en Nueva York.
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