
Internacional, 11 de junio de 2026.- Colombia enfrenta un paradoja económica: sus trabajadores laboran en promedio 43,2 horas semanales, una de las jornadas más largas entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero la productividad laboral es la más baja de ese grupo. Esto significa que, pese al esfuerzo, la generación de riqueza por hora trabajada es insuficiente.
El fenómeno no es exclusivo de Colombia, sino que refleja un rezago histórico de América Latina en términos de productividad, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Sin embargo, Colombia destaca dentro de la región por su bajo desempeño, lo que plantea retos para el próximo gobierno que asumirá el poder tras las elecciones presidenciales del 21 de junio.
Baja productividad y factores estructurales
Expertos consultados por BBC Mundo coinciden en que la baja productividad en Colombia está vinculada a varios factores estructurales. Entre ellos, el limitado acceso a capital, deficiencias en infraestructura pública, regulaciones empresariales complejas y un desfase entre la educación y las demandas del mercado laboral. Además, más de la mitad de la población ocupada trabaja en la informalidad, sector que presenta niveles de productividad significativamente inferiores al formal.
Paola Rosas, una vendedora informal de empanadas en Bogotá, ilustra esta realidad. Sale de su casa a las 4 de la mañana y enfrenta costos de transporte y espacio para operar. Aunque trabaja muchas horas, sus ingresos apenas le permiten cubrir gastos básicos y la educación universitaria de su hija mayor.
“La productividad se refleja directamente en los salarios”, explica Hernando Zuleta, decano de Economía de la Universidad de los Andes. En Colombia, la mayoría de los negocios informales carecen de acceso a crédito, subsidios o capacitación, lo que limita su crecimiento y los mantiene en una trampa de subsistencia.
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Impacto de la infraestructura y el sistema tributario
La falta de infraestructura adecuada dificulta la conexión de productores con mercados mayores, encareciendo el transporte y limitando las exportaciones. Por ejemplo, pequeños agricultores no logran llevar sus productos a grandes ciudades, lo que eleva precios y reduce la eficiencia económica.
Además, el sistema tributario colombiano presenta una alta carga impositiva para las empresas, especialmente para las grandes, lo que puede desincentivar su crecimiento. Hernando Zuleta señala que la regulación actual premia a las empresas pequeñas e improductivas, dificultando la expansión de negocios más competitivos.
El bajo nivel educativo y su poca correspondencia con las necesidades del mercado también contribuyen a la problemática. Muchos profesionales terminan en empleos informales o que no requieren su formación, lo que alimenta la informalidad y limita la productividad.
La llegada de tecnologías como la inteligencia artificial ofrece oportunidades para mejorar la productividad, pero su impacto dependerá del uso que se les dé. Según datos recientes, solo el 22% de los colombianos utiliza herramientas de inteligencia artificial, y su aplicación efectiva podría ser clave para el futuro económico del país.
El debate político en Colombia refleja estas diferencias: mientras un candidato apuesta por fortalecer la economía popular y la revolución agraria, otro propone estimular sectores como la minería y el petróleo mediante grandes inversiones.
En conclusión, la baja productividad laboral en Colombia es un desafío complejo que involucra aspectos económicos, sociales y estructurales. Abordarlo será fundamental para mejorar los ingresos de los colombianos y la competitividad del país en el mercado global.
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