
Ciudad de México, 9 de agosto de 2026.- En México, el cáncer cervicouterino sigue siendo un problema grave de salud pública, con más de 4 mil 600 muertes anuales, según datos oficiales. Esta enfermedad representa la segunda causa de fallecimiento por tumores malignos en mujeres, solo detrás del cáncer de mama.
La Secretaría de Salud reporta que cada año se diagnostican cerca de 10 mil casos nuevos de cáncer cervicouterino, de los cuales el 99% están relacionados con la infección por el virus del papiloma humano (VPH). Este virus es el principal factor de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad.
David Isla Ortíz, jefe del Departamento de Ginecología Oncológica del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), explicó que el cáncer cervicouterino es completamente prevenible mediante la vacunación y la detección oportuna. Destacó que entre septiembre de 2025 y julio de 2026 se aplicaron casi 2 millones de vacunas contra el VPH en México.
La estrategia de vacunación se enfocó en estudiantes de quinto grado de primaria, niños de 11 años fuera del sistema escolar, personas con VIH entre 11 y 49 años, y adolescentes en protocolos por violencia. La meta nacional es inmunizar a 2.5 millones de personas para alinearse con la estrategia 90-70-90 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cáncer cervicouterino: prevención y tratamiento en México
El INCan atiende aproximadamente 400 casos nuevos de cáncer cervicouterino cada año. Para enfrentar esta enfermedad, opera el programa MICAELA, que ofrece un modelo integral para tratar casos localmente avanzados y avanzados.
Las opciones terapéuticas incluyen cirugía para conservar la fertilidad en etapas tempranas, así como radioterapia, braquiterapia, quimioterapia, terapia dirigida e inmunoterapia. Estas alternativas buscan mejorar la calidad de vida y las tasas de supervivencia de las pacientes.
Impacto y retos en la salud femenina
El cáncer cervicouterino afecta principalmente a mujeres en edad reproductiva y representa un desafío para el sistema de salud mexicano. La prevención mediante la vacunación y la detección temprana son fundamentales para reducir la incidencia y mortalidad.
Además, es necesario erradicar los estigmas asociados al VPH para aumentar la aceptación de las vacunas y los programas de tamizaje. La coordinación entre autoridades sanitarias y la sociedad civil será clave para avanzar en el control de esta enfermedad.
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