
Internacional, 29 de junio de 2026. Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, se consolidó como el principal rival político del primer ministro Benjamin Netanyahu. El crecimiento de Eisenkot redefine el escenario rumbo a las elecciones parlamentarias previstas para octubre. El líder del partido Yashar registra un avance notable en las encuestas, con el que ya supera a otras figuras opositoras como Naftali Bennett y Yair Lapid.
El partido Likud, encabezado por Netanyahu, intensificó su campaña contra Eisenkot. La estrategia oficialista utiliza una retórica que destaca la supuesta dependencia del exmilitar hacia los partidos árabes, en particular respecto al legislador Ahmad Tibi. Este enfoque refleja un giro electoral drástico, donde Eisenkot desplazó formalmente a Bennett como el adversario a vencer.
Marcados contrastes entre los candidatos
La diferencia de perfiles entre ambos políticos es evidente. Netanyahu cuenta con décadas de experiencia política y un estilo oratorio sumamente pulido, con el cual representa la continuidad del liderazgo tradicional. Por el contrario, Eisenkot destaca por su perfil discreto, voz suave y un enfoque estratégico forjado en su trayectoria militar. Dichas cualidades le otorgaron un fuerte atractivo emocional entre diversos sectores del electorado.
Trayectoria y contexto de cara a las urnas
Eisenkot, de origen mizrají, creció fuera de los círculos de poder tradicionales y lideró el Estado Mayor entre 2015 y 2019. Durante su gestión militar enfrentó controversias complejas, como el enjuiciamiento de un soldado por acciones en Hebrón, donde mostró un firme compromiso con la ética institucional. Tras su retiro, ingresó a la política en 2022 y prefirió distanciarse de los bloques opositores comunes para fundar su propio partido.
El exmilitar mantiene una postura muy crítica hacia la gestión de Netanyahu durante la guerra en Gaza. Eisenkot censura la falta de una estrategia clara para la liberación de rehenes y la conducción general del conflicto. Sus reclamos reforzaron su perfil como una alternativa sólida dentro del panorama nacional.
Las encuestas más recientes indican que el partido de Eisenkot obtendría 21 escaños en la Knéset, ubicándose muy cerca de los 23 proyectados para el Likud. A pesar de los buenos números, el diseño de una coalición viable representa un desafío complejo debido a la fragmentación del congreso y a la necesidad de pactar entre ideologías diversas. El ascenso de Eisenkot marca un cambio histórico en la política israelí al competir directamente contra el estilo y enfoque del actual primer ministro.
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