
Internacional, 11 de junio de 2026.- La renuncia a la ciudadanía estadounidense por parte de ciudadanos que residen fuera de Estados Unidos ha registrado un notable aumento en los últimos años, impulsada principalmente por razones fiscales y políticas, según datos y testimonios recopilados de diversas fuentes.
Incremento en las renuncias y contexto fiscal
De acuerdo con la organización Americans Overseas, que asesora a ciudadanos estadounidenses con doble nacionalidad, la cifra de renuncias alcanzó en 2025 las 4,889 personas, la más alta desde 2020, cuando se reportaron 6,705 casos. Esta organización prevé un aumento del 15% para el presente año. Sin embargo, las cifras oficiales del Departamento de Estado y del Servicio de Impuestos Internos (IRS) no son del todo claras, ya que no publican estadísticas completas sobre el fenómeno.
Una de las principales causas que motivan la renuncia es la Ley de Cumplimiento Tributario de Cuentas Extranjeras (FATCA), que obliga a los ciudadanos estadounidenses a declarar y pagar impuestos sobre sus ingresos globales, sin importar dónde residan. Esta normativa ha generado complicaciones financieras y administrativas para quienes viven fuera del país, afectando incluso a los llamados “estadounidenses accidentales”, personas que adquirieron la ciudadanía en circunstancias especiales y que a menudo no han vivido en Estados Unidos.
Estados Unidos y Eritrea son los únicos países que aplican este sistema fiscal basado en la ciudadanía, lo que provoca que muchos prefieran desvincularse formalmente para evitar cargas fiscales y restricciones bancarias en el extranjero.
Experiencias personales y proceso de renuncia
Erin Klatt, quien emigró a Nueva Zelanda en 2016, decidió renunciar a su ciudadanía estadounidense en 2026 tras obtener la nacionalidad neozelandesa. Klatt mencionó que su decisión estuvo influida por la situación política en Estados Unidos y la carga fiscal que implicaba mantener su ciudadanía. El proceso, que incluye prestar juramento en un consulado y pagar una tarifa que recientemente se redujo del equivalente a 2,350 a 450 dólares, puede tardar varios meses y requiere cumplir con obligaciones fiscales previas.
Por su parte, ciudadanos con doble nacionalidad como Caroline Chirichella, residente en Italia, consideran la renuncia como una forma de resolver un “limbo” identitario que dificulta su integración plena en el país donde viven. Sin embargo, advierten que la decisión es compleja y conlleva la pérdida irreversible de ciertos derechos, como la movilidad sin visa hacia Estados Unidos.
Expertos legales señalan que renunciar a la ciudadanía estadounidense no debe tomarse a la ligera, pues implica perder beneficios importantes y puede afectar la posibilidad de vivir o trabajar en Estados Unidos en el futuro. Además, el proceso requiere asesoría especializada debido a la complejidad fiscal y legal involucrada.
Finalmente, la reducción reciente en las tarifas para renunciar a la ciudadanía podría incentivar a más personas a iniciar este trámite, aunque el impacto político y social de esta tendencia aún está en análisis.
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