
Hoteleros en Cancún han restringido el acceso de residentes locales a 11 de las 14 playas públicas contempladas en el Plan Maestro de la ciudad. Solo tres playas permanecen abiertas para la comunidad. Los complejos argumentan que estas medidas protegen la privacidad de los turistas y mantienen la estética de los espacios hoteleros de lujo.
La exclusión no solo se ve en vallas físicas. También se utiliza seguridad privada que impide el ingreso de ciudadanos, señalética de “límite de playa” y barreras visuales que convierten las playas en espacios exclusivos para visitantes. Esto ha generado tensiones con la población local, que denuncia la pérdida de acceso a su litoral histórico.
Autoridades de Cancún, a través del Instituto de Infraestructura Turística de Quintana Roo (Infratur), buscan recuperar algunas zonas. Entre las prioritarias están Los Palmares, en el kilómetro 15 del Boulevard Kukulcán, y el Jardín del Arte, donde se desarrollan áreas de recreación, convivencia y actividades culturales abiertas tanto a residentes como turistas.
Los hoteleros aseguran que la gestión de estas playas responde a la seguridad y la experiencia de los huéspedes. Sin embargo, urbanistas y especialistas advierten que estas restricciones prolongadas pueden afectar la cohesión social y la sustentabilidad del destino turístico. La tensión entre desarrollo privado y derecho al espacio público es evidente.
El uso de señalética y barreras simbólicas refuerza la percepción de apropiación privada del litoral. Expertos señalan que, sin regulaciones claras, la mayoría de las playas públicas podrían quedar cerradas a los residentes en los próximos años.
Mientras tanto, Infratur continúa trabajando en la recuperación de áreas clave del litoral, buscando un equilibrio entre turismo y comunidad local. La meta es que tanto turistas como residentes puedan disfrutar de las playas de Cancún de forma libre, segura y organizada, conciliando intereses privados y derechos ciudadanos.













