
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo calificó como «muy interesante» la postura asumida por Nicolás Maduro durante su reciente audiencia en un tribunal de Nueva York, donde el exmandatario venezolano se declaró «prisionero de guerra». Al ser cuestionada sobre este acontecimiento internacional, la jefa del Ejecutivo mexicano mantuvo una postura de observación respetuosa, señalando que los argumentos de defensa presentados en la corte estadounidense forman parte de un proceso judicial complejo. La mandataria reiteró que, más allá de las figuras políticas, lo que México defiende es el cumplimiento del derecho internacional y el debido proceso.
Ante las constantes críticas de sectores de la oposición que intentan comparar a la Cuarta Transformación con el sistema político de Venezuela, Sheinbaum fue tajante al marcar una línea divisoria. Explicó que el proyecto político que encabeza no busca imitar modelos extranjeros, sino que se nutre de las raíces profundas de la historia nacional. La presidenta destacó que el modelo mexicano de gobierno tiene una identidad propia que surge de las luchas sociales del país, desde la Independencia hasta la Revolución, y que no necesita importar ideologías de otras latitudes para funcionar.
Raíces históricas frente a las comparaciones externas
La jefa de Estado recordó que, desde el año 2006, se ha utilizado el miedo al chavismo como una herramienta de propaganda política en contra de su movimiento, una estrategia que calificó de obsoleta. Afirmó que el humanismo mexicano de hoy se distingue por priorizar a los pobres y fortalecer la soberanía sin recurrir a las estructuras autoritarias que se critican en otros países. Para la mandataria, estas comparaciones son intentos desesperados por confundir a la ciudadanía, ignorando que las instituciones en México operan bajo un marco democrático diseñado para la realidad de nuestra nación.
En su mensaje, Sheinbaum enfatizó que el éxito de la administración actual reside en haber creado un camino propio que combina la austeridad republicana con la inversión social masiva. Aseguró que este modelo de política mexicana ha demostrado ser efectivo para reducir las desigualdades sin necesidad de copiar recetas de Sudamérica. La presidenta instó a sus detractores a estudiar la historia de México para comprender que las reformas actuales son la continuación de los anhelos de justicia social que han movilizado a los mexicanos por más de dos siglos.
La soberanía y la autodeterminación como guías
Respecto a la situación jurídica de Maduro en Estados Unidos, la presidenta subrayó que el respeto a la autodeterminación de los pueblos sigue siendo la brújula de su diplomacia. Señaló que, aunque el sistema mexicano de soberanía impide interferir en los asuntos internos de otros estados, eso no quita que el gobierno permanezca atento a las implicaciones globales de este caso. Para México, lo primordial es que no se siente un precedente donde la fuerza militar de una potencia sea el mecanismo estándar para resolver conflictos políticos regionales, afectando la estabilidad del continente.
Finalmente, Claudia Sheinbaum cerró el tema invitando a centrar el debate en los resultados internos y no en etiquetas ideológicas que poco tienen que ver con la gestión cotidiana del país. Reiteró que el rumbo mexicano del cambio seguirá adelante con un enfoque basado en la honestidad y la eficiencia administrativa, lejos de cualquier influencia externa. Con esta postura, la mandataria busca consolidar la percepción de México como un país líder en América Latina que, si bien es solidario con sus vecinos, mantiene una independencia absoluta en la construcción de su destino.






