
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para rescatar la relevancia de las Naciones Unidas. Durante su reciente mensaje, la mandataria expresó su preocupación por el debilitamiento del organismo ante eventos críticos como la operación militar lanzada por Estados Unidos en territorio venezolano. Sheinbaum señaló que la ONU parece haber perdido la capacidad de frenar acciones unilaterales que ponen en riesgo la estabilidad de la región, lo que obliga a repensar el papel de las instituciones globales en el siglo XXI.
La jefa del Ejecutivo subrayó que los espacios multilaterales deben evolucionar para ofrecer una verdadera representación de todas las naciones y no solo de las potencias. Según su visión, la acción armada foránea que se vive en Sudamérica es un síntoma de que las reglas del derecho internacional no se están aplicando de manera equitativa. Por ello, insistió en que México siempre defenderá la vía diplomática como el único camino legítimo para resolver conflictos, rechazando cualquier intento de imponer soluciones mediante el uso de la fuerza.
La necesidad de organismos garantes de la paz y la legalidad
Para la presidenta, es fundamental que la ONU funcione como un garante real del diálogo y la paz entre los pueblos del mundo. Considera que el organismo debe ser el primer respondiente para evitar una incursión bélica externa que vulnere la soberanía de los países. Sheinbaum puntualizó que, si no se fortalece la autoridad de las Naciones Unidas, el mundo quedará expuesto a decisiones arbitrarias que ignoran los tratados de paz vigentes, afectando principalmente a las poblaciones civiles que quedan atrapadas en medio de los conflictos políticos.
En este sentido, México propone que se democratice el Consejo de Seguridad para que las decisiones importantes no dependan de unos pocos. La mandataria reiteró que el país mantendrá su política de no intervención, pero no guardará silencio ante una ofensiva militar extranjera que ignore los canales institucionales. La meta es recuperar la confianza en la legalidad internacional, asegurando que ningún país, por poderoso que sea, pueda actuar por encima de la voluntad de la asamblea general de las naciones.






