
5 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una fuerte sacudida diplomática al comunicarse con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reiterar su exigencia sobre la industria petrolera del país. Durante esta conversación, el mandatario estadounidense subrayó que su administración busca tener un «acceso total» a los recursos energéticos venezolanos. A pesar de estas declaraciones, Washington ha aclarado que, por el momento, se está limitando a un cambio de régimen parcial y que no existen tropas estadounidenses ocupando formalmente el territorio de la nación sudamericana.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha complementado esta visión al señalar que esperan coaccionar al actual gobierno para que ceda el manejo de la industria petrolera del país bajo diversas amenazas. Entre las medidas de presión se mencionan un embargo total a las exportaciones de crudo y la posibilidad de una segunda ola de ataques militares por parte de la flotilla desplegada en el Caribe. Trump insistió en que Venezuela se encuentra bajo la influencia de la Doctrina Monroe y que Estados Unidos «está a cargo» de dirigir el futuro político y económico de la región.
Estrategia de presión y soberanía energética
La Casa Blanca ha emitido boletines oficiales donde se afirma que el hemisferio occidental no puede ser una base de operaciones para sus rivales, justificando así su interés en la industria petrolera del país. El presidente Trump fue más allá al advertir en entrevistas recientes que, si la nueva mandataria venezolana no cumple con las demandas de entregar el control energético, enfrentará consecuencias muy graves. La intención explícita del gobierno norteamericano es dirigir y «componer» la situación interna para luego convocar a elecciones en el momento que consideren adecuado.
Sin embargo, esta postura ha revelado tensiones internas dentro del propio gobierno de Trump, ya que algunos funcionarios presentan argumentos ligeramente distintos. Mientras el presidente enfoca su discurso en obtener el crudo para abordar el déficit presupuestario de su país, otros sectores prefieren hablar de evitar que la industria petrolera del país caiga en manos de adversarios como Rusia o China. Esta dualidad de narrativas sugiere que todavía existe una pugna en Washington sobre si el objetivo final es la extracción de recursos o simplemente una movida estratégica de seguridad nacional.
Visiones divididas y el futuro de la región
Dentro del movimiento conservador estadounidense, también han surgido voces disidentes que critican la idea de controlar la industria petrolera del país ajeno. Algunos legisladores han señalado que los soldados no deberían arriesgar sus vidas para beneficiar a empresas particulares, recordando que el petróleo pertenece originalmente al pueblo venezolano. Estas críticas buscan evitar que Estados Unidos se involucre en una ocupación de largo plazo similar a las experiencias pasadas en Irak o Afganistán, algo que Trump prometió evitar durante sus discursos de campaña.
Finalmente, el secretario Marco Rubio ha tratado de ofrecer un tono más pragmático, reconociendo que el sistema político venezolano no puede cambiar totalmente en cuestión de horas. A pesar de la presión sobre la industria petrolera del país, Washington admite que debe haber un proceso gradual para transformar lo que ha sido el chavismo durante más de una década. Mientras tanto, las advertencias de Trump siguen extendiéndose a otros territorios, sugiriendo que la doctrina de intervención podría aplicarse a cualquier nación que Estados Unidos considere necesaria para sus intereses estratégicos.






