
En medio de una escalada sin precedentes en su política exterior, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó esta semana advertencias contundentes sobre una posible expansión de acciones militares por tierra contra cárteles de la droga, mientras su administración enfrenta resistencia formal del propio Senado y reacciones diplomáticas en la región.
Trump, cuestionado sobre el avance de su estrategia antidrogas, aseguró que tras declararse exitoso en el combate marítimo contra el narcotráfico, su gobierno ahora “empezará a atacar por tierra a los cárteles”, aunque no ofreció detalles claros sobre fechas ni objetivos específicos.
Durante la misma semana, el Senado de Estados Unidos aprobó una resolución bipartidista para limitar la capacidad del presidente de emprender acciones militares en el extranjero, en particular contra Venezuela, sin autorización del Congreso, una muestra de creciente preocupación entre legisladores sobre el uso de la fuerza ejecutiva.
La declaración de Trump ocurre en un contexto que ha elevado las tensiones en América Latina: semanas atrás, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación militar en Venezuela que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, acción que desató fuertes críticas y rechazo de gobiernos regionales.
La administración estadounidense ha insistido en su narrativa de que los grupos criminales organizados —incluidos los narcotraficantes— representan una amenaza directa para la seguridad nacional de Estados Unidos, aunque expertos internacionales han cuestionado la legalidad y la eficacia de medidas que parecen superar los marcos tradicionales de cooperación.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado de manera firme cualquier intervención militar extranjera en territorio nacional, reafirmando la defensa de la soberanía como pilar de la política exterior mexicana, al tiempo que fortalece la cooperación bilateral en materia de seguridad y combate al crimen organizado.
Los analistas consultados señalan que si bien una invasión o incursión directa en México sigue siendo considerada improbable, las palabras del presidente Trump funcionan como una presión diplomática y estratégica que podría influir en negociaciones comerciales, de seguridad y políticas entre ambos países en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Organismos internacionales y gobiernos de la región han expresado recelo por la retórica bélica, alertando que cualquier acción unilateral podría violar el derecho internacional y desestabilizar aún más a una región ya marcada por flujos migratorios y violencia asociada al crimen transnacional.






