
El mundo mantiene la alerta ante la posibilidad de que surja una nueva emergencia global. Tras la pandemia de covid-19, expertos advierten que tres virus concentran hoy la mayor preocupación por su capacidad de expansión y mutación. La advertencia fue planteada por Patrick Jackson, profesor asistente de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Virginia, quien señaló que 2026 podría traer nuevos desafíos sanitarios.
Según el especialista, factores como el cambio climático, el crecimiento poblacional y la alta movilidad internacional crean un escenario propicio para que los virus evolucionen y se propaguen más rápido. En este contexto, los virus que preocupan en 2026 son el H5N1 de la gripe aviar, la mpox y el Oropouche, cada uno con características distintas pero con potencial de generar brotes importantes.
H5N1 y mpox entre los virus que alertan a expertos
Uno de los principales focos de vigilancia es el virus H5N1, un subtipo de la influenza A. La influenza ha sido históricamente una amenaza constante, como ocurrió con la variante H1N1 en 2009. Ahora, científicos monitorean si el H5N1 puede mutar lo suficiente para transmitirse fácilmente entre humanos, lo que sería clave para desatar una nueva pandemia.
El virus dejó de afectar solo a aves cuando en 2024 fue detectado en ganado lechero en Estados Unidos. Estudios recientes sugieren posibles transmisiones de animales a personas, lo que mantiene activa la investigación. Los virus emergentes de 2026 como este obligan a reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica.
En cuanto a la mpox, anteriormente conocida como viruela del mono, durante años estuvo limitada a regiones de África. Sin embargo, en 2022 se expandió a más de 100 países. Aunque la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional en 2025, se han reportado nuevos casos, especialmente del clado I en África Central y algunos contagios en EE.UU. sin antecedentes de viaje.
Oropouche y otros virus bajo vigilancia
El tercer virus en la lista es el Oropouche, identificado por primera vez en la década de 1950 en Trinidad y Tobago. Se transmite por pequeños mosquitos y provoca síntomas similares a la gripe. No existen vacunas ni tratamientos específicos, lo que aumenta la preocupación en caso de brotes amplios.






