
12 de Febrero del 2026.- La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, lanzó duras críticas contra la reciente postura de la Unión Europea respecto al conflicto en Ucrania. Durante su habitual rueda de prensa, la funcionaria se refirió a las declaraciones de Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, quien propuso crear una lista de condiciones estrictas para Moscú. Según Zajárova, este tipo de exigencias de la UE a Rusia solo demuestran que las autoridades de Bruselas no tienen un interés real en detener las hostilidades de manera inmediata.
Para la vocera rusa, la idea de condicionar el apoyo a la paz es una contradicción fundamental con los valores humanos básicos. Zajárova señaló que cualquier persona con sentido común debería priorizar el fin de la violencia por encima de agendas políticas o requisitos previos. En su discurso, enfatizó que estas nuevas exigencias de la UE a Rusia funcionan más como un obstáculo que como una solución, sugiriendo que la burocracia europea está desconectada de la necesidad urgente de estabilidad en la región.
El papel de la diplomacia europea en el conflicto
La funcionaria fue tajante al afirmar que las propuestas de Kallas confirman que ciertos sectores europeos buscan evitar, a toda costa, que el enfrentamiento llegue a su conclusión definitiva. Al imponer estas exigencias de la UE a Rusia, los líderes del bloque parecen estar construyendo una barrera diplomática que impide el diálogo directo. Zajárova insistió en que la paz no debería ser un objeto de negociación condicionado, sino el objetivo principal hacia el cual todas las naciones deberían dirigir sus esfuerzos diplomáticos sin excepciones.
Además, la portavoz recordó episodios anteriores donde representantes del bloque europeo participaron en mesas de diálogo. Según su visión, esa intervención fue meramente decorativa y carente de honestidad, actuando como un «atrezo» para simular una voluntad negociadora que no existía. Al analizar las actuales exigencias de la UE a Rusia, el Kremlin sostiene que se repite el mismo patrón de comportamiento, donde se prioriza la presión política sobre la resolución efectiva y humanitaria de la crisis actual.






