
9 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El Kremlin lanzó este jueves una dura advertencia a los países miembros de la Alianza Atlántica, señalando específicamente a Gran Bretaña y Francia. Según el gobierno ruso, cualquier intento de instalar bases militares o enviar soldados a territorio ucraniano será interpretado como una «intervención extranjera». Esta postura surge tras los anuncios recientes de potencias europeas sobre un plan de garantías que contempla el despliegue de personal para supervisar un posible cese al fuego, lo que Rusia considera una amenaza directa a su seguridad nacional y a la estabilidad de todo el continente europeo.
La vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, Maria Zajarova, fue la encargada de transmitir la postura oficial ante lo que calificó como una escalada peligrosa. Zajarova afirmó que las instalaciones, almacenes y cualquier infraestructura occidental en la zona de conflicto se convertirán automáticamente en objetivos para su ejército. Para Moscú, estas acciones están «extremadamente alejadas de un arreglo político» y solo buscan prolongar la militarización de la región, ignorando las causas que originaron el conflicto iniciado en febrero de 2022.
Exigencias rusas y el eje de guerra
Rusia sostiene que las declaraciones de los líderes europeos conforman un «verdadero eje de guerra» que pone en riesgo el futuro de los habitantes de Europa. La cancillería rusa reiteró que una solución negociada solo es factible bajo condiciones estrictas, como la neutralidad total de Ucrania y su renuncia a pertenecer a cualquier bloque militar. Además, exigen el respeto a los derechos de la población de origen ruso y el reconocimiento de la realidad territorial actual. De lo contrario, advirtieron que los objetivos de las fuerzas de la OTAN en Ucrania o de cualquier aliado serán neutralizados mediante la vía militar.
Según el Kremlin, los políticos occidentales están obligando a sus propios ciudadanos a pagar por planes destructivos que no garantizan una paz sólida. La diplomática Zajarova subrayó que la protección de la lengua, religión y cultura de las minorías étnicas es un punto no negociable en cualquier mesa de diálogo. Mientras persista la intención de enviar unidades de la OTAN a Ucrania, Rusia mantendrá su despliegue operativo bajo la premisa de que toda presencia extranjera es una provocación que justifica el uso de fuerza letal para proteger sus fronteras y su influencia regional.

Optimismo en Kiev y el papel de Donald Trump
Por otro lado, el presidente Volodymir Zelensky se mostró optimista tras recibir informes sobre las conversaciones con enviados de la Casa Blanca. El mandatario ucraniano cree que el borrador de garantías de seguridad bilaterales con Estados Unidos está prácticamente listo para ser finalizado. Zelensky espera que la administración de Donald Trump apruebe estos documentos, los cuales buscan establecer criterios de asistencia recíproca ante nuevas agresiones. A pesar de las amenazas sobre el personal de la alianza atlántica en Ucrania, el gobierno de Kiev confía en que el diálogo entre Washington y Moscú aclare la disposición real de Rusia para terminar la guerra.
Zelensky aseguró que el plan de paz está avanzado en un 90 por ciento, aunque reconoció que los puntos más difíciles siguen siendo el control territorial y la seguridad de la central atómica de Zaporiyia. Ucrania busca garantías similares al Artículo 5 de la Alianza Atlántica, con una duración que podría extenderse por varias décadas. Sin embargo, este esquema de protección, que incluiría una fuerza multinacional para monitorear el alto el fuego, choca frontalmente con la advertencia del Kremlin de atacar a cualquier soldado de la OTAN en Ucrania que pise el terreno, dejando el futuro del acuerdo en una situación de alta incertidumbre.
Esta situación es la ubicación estratégica de la Central Nuclear de Zaporiyia, mencionada por Zelensky como un «punto espinoso». Actualmente, esta planta es la más grande de Europa y se encuentra bajo control ruso, pero operada por técnicos ucranianos bajo supervisión de la OIEA. Rusia ha sugerido que cualquier fuerza multinacional de paz que intente acercarse a la central sin su consentimiento expreso sería vista como un intento de toma hostil de infraestructura crítica, lo que elevaría el riesgo de un incidente nuclear accidental en medio de las operaciones de «limpieza de objetivos» anunciadas por Zajarova.






