
La Glorieta de las Mujeres que Luchan, ubicada en la Ciudad de México, se ha consolidado como un símbolo del activismo feminista, donde colectivas y ciudadanos recuerdan la lucha contra la violencia de género y los feminicidios en México. Este espacio urbano, antes conocido como Glorieta de Colón, ha sido transformado por la sociedad civil en un sitio de memoria y protesta.
El cambio de nombre y la instalación del antimonumento surgieron tras diversas movilizaciones feministas, especialmente durante el Día Internacional de la Mujer, cuando miles de personas se manifiestan para visibilizar la violencia estructural que enfrentan las mujeres en México.
La glorieta se ha convertido en un espacio de memoria colectiva, donde se realizan rituales, colocación de ofrendas y mensajes que denuncian la impunidad ante los casos de feminicidio. Estos actos buscan mantener viva la conciencia social sobre la necesidad de políticas públicas más efectivas contra la violencia de género.
Diversas colectivas feministas han destacado la importancia de este lugar para fortalecer la organización social y visibilizar sus demandas ante las autoridades. La Glorieta de las Mujeres que Luchan sirve como escenario de protestas, asambleas y acciones simbólicas en defensa de los derechos de las mujeres.
El espacio también ha generado debate en la sociedad, ya que algunos sectores consideran que el cambio de nombre y la presencia de un antimonumento alteran la memoria histórica tradicional de la ciudad. Sin embargo, para las activistas, la transformación de la glorieta representa un acto de justicia simbólica y reconocimiento de las mujeres víctimas de violencia.





