
La frontera entre México y Estados Unidos vuelve a ser escenario de una polémica construcción: el llamado “Muro Negro”, una nueva barrera de acero que se levanta entre el estado de Chihuahua y Nuevo México. La obra forma parte del proyecto de seguridad fronteriza impulsado por el gobierno estadounidense para reforzar el control migratorio en la región.
Lo que más ha llamado la atención es que gran parte de los trabajadores que participan en la construcción de esta estructura son mexicanos. Muchos de ellos cruzan diariamente desde Ciudad Juárez o residen en la zona fronteriza y forman parte de las cuadrillas encargadas de excavar, preparar cemento y colocar las barras metálicas del muro.
La estructura alcanza hasta nueve metros de altura y está pintada de negro, una característica que le da su nombre. Según autoridades estadounidenses, el color oscuro permite que el metal absorba más calor del sol, lo que dificulta que las personas intenten escalar la barrera.
El nuevo muro se construye frente a otra valla metálica instalada previamente, lo que genera una doble barrera en algunos tramos de la frontera. Esta zona desértica, ubicada entre Santa Teresa, Nuevo México, y Ciudad Juárez, se ha convertido en un punto estratégico dentro de la política de seguridad fronteriza.
Además de la barrera física, el proyecto incluye tecnología de vigilancia como sensores, cámaras y sistemas de detección de movimiento. Este conjunto de infraestructura forma parte del llamado “muro inteligente”, diseñado para monitorear el cruce irregular de migrantes a lo largo de la frontera.





