
6 DE FEBRERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. La vida en la isla de Cuba atraviesa momentos de gran complejidad debido a la falta de petróleo, una situación que afecta directamente el día a día de sus habitantes. Desde el transporte hasta la producción de alimentos y el funcionamiento de los hospitales, ningún sector escapa a las consecuencias de la presión económica ejercida por el gobierno de Estados Unidos. Esta falta de recursos energéticos ha puesto a prueba la capacidad de adaptación de un pueblo que se niega a rendirse ante la escasez.
A pesar de las dificultades, el ambiente en las calles no es de desesperación, sino de una paciencia que asombra a quienes observan desde fuera. En las paradas de autobuses, conocidos localmente como guaguas, la gente espera con calma o busca alternativas como bicicletas y vehículos eléctricos. Las filas en las gasolineras son largas, pero los conductores aprovechan el tiempo para conversar, demostrando que la solidaridad vecinal sigue siendo un pilar fundamental para enfrentar la crisis.
Medidas ante la actual contingencia energética
Para gestionar los pocos recursos disponibles, el gobierno y las instituciones han tenido que implementar cambios drásticos en la organización del trabajo y el estudio. Muchas oficinas han retomado el trabajo a distancia, una modalidad que se hizo común durante la pandemia, para evitar desplazamientos innecesarios. Por su parte, la Universidad de La Habana ha adaptado sus carreras al formato semipresencial, buscando que los jóvenes puedan seguir con su formación académica sin depender totalmente del transporte público, que hoy es muy limitado.
Esta crisis de energía en la isla también ha golpeado fuertemente el sistema eléctrico nacional, provocando apagones frecuentes en los hogares. Aunque se han priorizado sectores clave como el riego agrícola para asegurar la comida, las familias deben ajustar sus horarios de cocina y limpieza a las pocas horas de luz disponibles. Muchos cubanos ahora cargan pequeñas linternas y utilizan carbón o leña para preparar sus alimentos, adaptándose con ingenio a la falta de electricidad constante.
La historia de una nación que prefiere resistir
La mentalidad de los habitantes se compara a menudo con la leyenda de Numancia, una ciudad antigua que prefirió el sacrificio antes que entregarse al invasor. Este espíritu se refleja en el pensamiento de las nuevas generaciones, quienes ven en la historia de su país un camino de dignidad frente a las agresiones externas. Para muchos, ceder ante las presiones significaría perder su independencia, por lo que consideran que el esfuerzo actual es necesario para mantener su soberanía política y social.
Incluso en los momentos más oscuros, como tras la caída de la Unión Soviética en los años noventa, la isla logró salir adelante mediante sacrificios colectivos. Hoy, la emergencia energética cubana es vista como una etapa más de una larga lucha por la supervivencia de su sistema. Intelectuales y jóvenes coinciden en que, aunque el camino es difícil, la meta no es el sacrificio total, sino encontrar la manera de vencer las carencias y construir un futuro donde el país no dependa de las decisiones de potencias extranjeras.






