
9 DE MARZO DEL 2026 – NACIONAL. En el marco del centenario de la Escuela Normal Rural «Raúl Isidro Burgos», egresados de diversas generaciones se reunieron en Tixtla para honrar la historia de una institución que definen como su forma de vida. Sergio de Memije García, conocido como «El Casetas», recordó con orgullo que en estas aulas no solo se aprende a ser docente, sino a mantener un ideal de transformación social y compromiso con los más necesitados. Para quienes pasaron por sus pasillos, la formación recibida va más allá de los libros, pues fomenta una identidad de lucha que busca el bienestar de las comunidades rurales más olvidadas del país.
La celebración estuvo marcada por la nostalgia y la reflexión sobre los desafíos que ha enfrentado la escuela, especialmente tras la persecución política y la desaparición de los 43 estudiantes en 2014. Memije, perteneciente a la generación 2013-2017, señaló que ser egresado implica llevar una narrativa de resistencia, recordando a los compañeros caídos y desaparecidos. A pesar del dolor, los maestros coinciden en que la esencia del sistema normalista es la resiliencia, pues han aprendido a educar en contextos de alta marginación y violencia de Estado, adaptándose siempre a las necesidades del pueblo.
El arte y la cultura como herramientas de lucha
Dentro de las actividades culturales, los exalumnos destacaron que la normal rural ofrece una formación integral que incluye el muralismo, la danza y la serigrafía. Lester Giovanni Pérez Ortega, encargado de diseñar el logotipo del centenario, compartió cómo los valores del estudio magisterial lo llevaron a aplicar sus conocimientos artísticos en comunidades de la sierra de Guerrero y Michoacán. Esta visión educativa permite que los maestros no solo impartan clases de educación básica, sino que se conviertan en promotores culturales que rescatan las tradiciones y la identidad de los pueblos donde trabajan.
La enseñanza de técnicas como el diseño de logotipos y la realización de murales permite a los docentes conectar de manera más profunda con sus alumnos y padres de familia. Los egresados mencionaron que estas habilidades son fundamentales para resistir los intentos de privatización y para demostrar que la educación pública puede ser de alta calidad y con conciencia social. Para ellos, el modelo de enseñanza rural es una herramienta de emancipación que ayuda a los niños a convertirse en ciudadanos críticos y preparados para enfrentar un futuro que requiere maestros con visión social.
La necesidad de transformar y defender las normales
Norberto Guerrero Santos, egresado de la generación 93-97, enfatizó que estas escuelas no deben desaparecer, sino evolucionar para adaptarse a los tiempos modernos. El argumento central es que, mientras persistan la injusticia y la falta de recursos en las zonas rurales, siempre serán necesarios los profesores formados bajo el esquema de normales rurales. La lucha constante por el presupuesto y el reconocimiento es lo que mantiene vivo el movimiento, asegurando que los hijos de familias humildes tengan la oportunidad de estudiar y servir a su propia gente en las sierras y costas del estado.





