
5 de Febrero del 2026.- El vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, ha generado un fuerte eco internacional tras declarar que la disputa por el control del territorio ártico terminará pronto. Según el funcionario, existe una confianza plena en que Dinamarca y las autoridades locales aceptarán las condiciones impuestas por Washington. Vance subrayó que, aunque el proceso ha sido complejo, el resultado final será una resolución beneficiosa para EE.UU. que fortalecerá la posición estratégica del país en el norte del continente, asegurando que los intereses nacionales prevalezcan sobre cualquier resistencia inicial.
Durante una entrevista reciente, el vicepresidente recordó los encuentros mantenidos con los líderes daneses y groenlandeses, calificando las charlas como sumamente interesantes. A pesar de las tensiones visibles, Vance sugirió que hay una gran diferencia entre lo que se dice en las cámaras y lo que se pacta en las oficinas cerradas. Para el gobierno estadounidense, alcanzar una resolución beneficiosa para Estados Unidos es solo cuestión de tiempo, ya que consideran que las adaptaciones que los europeos están dispuestos a hacer en privado facilitarán el cierre de este ambicioso proyecto territorial.
La estrategia detrás del control territorial
El vicepresidente también aprovechó para señalar la supuesta hipocresía de algunos líderes europeos en el manejo de esta crisis. Según sus palabras, mientras públicamente rechazan la cooperación con los estadounidenses, en las reuniones privadas muestran una actitud mucho más flexible y abierta a las negociaciones. Esta dualidad no parece preocupar a la Casa Blanca, que mantiene su enfoque en lograr una resolución beneficiosa de la situación que permita a la administración de Donald Trump consolidar su presencia en una zona que consideran vital para la seguridad hemisférica.
Por otro lado, el presidente Trump ha insistido durante meses en que tomar el control de la isla es una necesidad urgente debido a las amenazas externas. El gobierno de EE.UU. sostiene que tanto Rusia como China tienen intereses crecientes en el Ártico, lo que pone en riesgo la estabilidad de la región. Bajo esta premisa, la búsqueda de una resolución beneficiosa para la seguridad nacional justifica, según la administración actual, el uso de diversas presiones diplomáticas e incluso la mención del uso de la fuerza militar si fuera estrictamente necesario para proteger sus intereses.






