
6 de Febrero del 2026.- El desarrollo de la infraestructura eléctrica en Hungría ha alcanzado un punto de inflexión este jueves con el inicio del vertido del primer hormigón en la central de Paks-2. Este acto formal, realizado por la empresa rusa Rosatom, marca el comienzo oficial de la construcción del reactor, un paso que las autoridades consideran vital para el futuro del país. En el evento estuvieron presentes figuras internacionales de alto nivel, lo que demuestra que la fuerza nuclear sigue siendo un eje central en la política energética de la región, a pesar de las tensiones políticas en Europa.
Este nuevo bloque no es solo una obra de ingeniería, sino que se plantea como el principal motor para el crecimiento económico nacional durante las próximas décadas. Al contar con una fuente de energía estable y potente, el gobierno húngaro busca asegurar el funcionamiento de su industria, su agricultura y el desarrollo de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. La consolidación de esta tecnología de átomos permitirá que la nación pueda planificar su progreso con una visión de largo plazo, cubriendo la creciente demanda de electricidad que se espera para los años venideros.
Cooperación estratégica y tecnología de vanguardia
La planta de Paks-2 será la primera en toda la Unión Europea en utilizar los avanzados reactores rusos VVER-1200. Estos equipos son conocidos por ser parte de la generación III+, un estándar que promete niveles superiores de seguridad y eficiencia en comparación con modelos anteriores. Esta fuente de poder atómico representa una evolución significativa respecto a los cuatro reactores que ya operan en el sitio desde los años ochenta. Con esta actualización, Hungría se posiciona a la vanguardia energética, utilizando sistemas que Rusia ha exportado con éxito a otros mercados internacionales.
A pesar de los retos técnicos, la relación entre Moscú y Budapest en este sector no es nueva, ya que su colaboración se remonta a mediados del siglo pasado. La construcción actual es el resultado de un acuerdo firmado en 2014 que ha tenido que superar numerosos obstáculos impuestos por las regulaciones de Bruselas. Sin embargo, el avance del proyecto demuestra que la necesidad de contar con una generación nucleoeléctrica confiable ha pesado más que las presiones políticas, permitiendo que la obra avance hacia su fase más crítica de edificación.
Obstáculos superados y el papel de las potencias
El camino para llegar a este día no ha sido sencillo, pues el proyecto Paks-2 ha estado en el centro de debates sobre sanciones y soberanía energética. Recientemente, incluso Estados Unidos ha tenido que otorgar permisos especiales para que Hungría pueda continuar con las transacciones financieras necesarias para la obra sin violar restricciones internacionales. Esta flexibilidad confirma que la infraestructura de uranio es considerada una excepción necesaria para mantener la estabilidad económica de un aliado clave en el centro de Europa, evitando crisis de suministro eléctrico.






