
Los planes del presidente #DonaldTrump de emprender una de las renovaciones más ambiciosas en la Casa Blanca en décadas han despertado preocupación entre especialistas en preservación histórica. Según el New York Times, el mandatario busca construir un nuevo salón de baile estatal valorado en 200 millones de dólares, con una extensión de 8.300 metros cuadrados en el Ala Este, y pretende que el proyecto esté finalizado antes de enero de 2029, cuando termina su segundo mandato.
“Podría perjudicar a la propiedad en general”
El profesor Richard Longstreth, experto en estudios estadounidenses de la Universidad George Washington, advirtió que estas modificaciones “podrían perjudicar a la propiedad en general”. Además, señaló que no existen suficientes mecanismos de control que garanticen que la renovación se lleve a cabo respetando el carácter histórico del inmueble: “Desafortunadamente, aquí no hay controles ni contrapesos”, dijo, subrayando que las fuertes personalidades involucradas no están obligadas a seguir las mejores prácticas de preservación.

Por su parte, Jonathan Jarvis, exdirector del Servicio de Parques Nacionales y responsable del mantenimiento del edificio presidencial, calificó de “optimista” el calendario propuesto por Trump. “No se ve que uno de esos proyectos avance tan rápido. Habrá mucha prisa para terminarlo”, indicó.
Un proceso complejo y con alta seguridad
Jarvis recordó que renovar la Casa Blanca no es como trabajar en un edificio común. “Es la Casa Blanca; tiene que sobrevivir a un ataque terrorista”, afirmó, subrayando que cada fase del proyecto debe evaluarse cuidadosamente para no comprometer su seguridad ni su valor arquitectónico.
De concretarse, esta remodelación sería una de las más grandes realizadas en la residencia presidencial desde mediados del siglo XX. Sin embargo, el debate está servido entre quienes defienden la modernización del inmueble y quienes consideran que estas modificaciones pueden alterar su esencia histórica.