
Por Daniel Zovatto
Llegó el “Día de la Liberación”, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declara la guerra comercial al mundo.
Esta miércoles 2 de abril, el mandatario estadounidense hará oficial el anuncio de la imposición de aranceles “recíprocos”. La expectativa es enorme y la incertidumbre también.
En un acto simbólico desde la Casa Blanca, Trump proclamará un nuevo “Día de la Liberación”, imponiendo aranceles a las importaciones que podrían superar el 20 por ciento, aunque aún no hay detalles confirmados al respecto.
Bajo el concepto de “aranceles recíprocos”, el objetivo declarado es castigar a los países que aplican mayores gravámenes a productos estadounidenses. Sin embargo, en la práctica, la medida apunta directamente a aquellos con superávit comercial frente a EE.UU.
No es la primera vez que Trump invoca ese “Día de la Liberación”: ya lo hizo el día de su elección y en su discurso de investidura. Esta vez, busca convertir los aranceles en una fuente permanente de recaudación y un mecanismo para impulsar la producción nacional. No obstante, los analistas advierten que ambos objetivos se contradicen: no se puede reducir drásticamente las importaciones y, al mismo tiempo, recaudar mucho a través de ellas.
La estrategia remite a episodios proteccionistas del pasado, como los aranceles Smoot-Hawley de 1930, cuyo impacto fue desastroso para la economía global. Hoy, los economistas alertan sobre los riesgos de caída en la inversión, menor crecimiento, mayor inflación y el fantasma de la recesión.
La Reserva Federal ya enfrenta un escenario más complejo debido a la incertidumbre generada por esta política errática.
Te recomiendo ajustarte los cinturones.