
7 ENERO 2026-INTERNACIONAL- Aldrich Ames, exagente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, falleció este lunes a los 84 años en una prisión federal de Maryland. Su nombre quedó ligado para siempre a uno de los casos de espionaje más graves del siglo XX, al haber colaborado durante años con la Unión Soviética en plena Guerra Fría. La información que entregó causó un daño profundo a la seguridad nacional estadounidense.
Ames ocupó cargos de alto nivel dentro de la CIA y llegó a dirigir una división clave de inteligencia. Desde esa posición tuvo acceso a información altamente sensible, lo que facilitó sus actividades como espía al servicio de la URSS. De acuerdo con el FBI, fue uno de los pocos funcionarios que conocía detalles críticos sobre operaciones encubiertas contra el bloque soviético.

Según las investigaciones oficiales, Aldrich Ames se acercó de manera voluntaria a los servicios de inteligencia soviéticos y ofreció información a cambio de dinero. Mantuvo encuentros constantes con agentes del KGB y entregó datos que incluían identidades de informantes soviéticos que colaboraban con Estados Unidos y Gran Bretaña, así como métodos de vigilancia y tecnología de espionaje.
Estas filtraciones provocaron la captura y ejecución de varios agentes encubiertos, lo que representó un golpe directo a las redes de inteligencia occidentales. El caso de Ames expuso fallas internas graves dentro de la CIA y encendió alertas sobre los controles de seguridad durante una etapa crítica de tensión global.

En febrero de 1994, Ames fue arrestado junto a su esposa, Rosario Ames, quien también participó en las actividades de espionaje. Ella fue condenada a 63 meses de prisión tras colaborar con la justicia. Ames, por su parte, se declaró culpable sin ir a juicio y recibió cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
La Fiscalía sostuvo que el exagente privó a Estados Unidos de información clave durante años, debilitando operaciones estratégicas en distintos países.






