
8 DE ENERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. Tras años de una alianza que parecía inquebrantable, el Kremlin ha mostrado una reacción inesperadamente pasiva ante los eventos recientes en Sudamérica. A pesar de que apenas en mayo de 2025 ambos mandatarios firmaron un acuerdo de asociación estratégica, el gobierno ruso se limitó a ser un espectador durante la operación militar que terminó con el arresto del líder venezolano. Este silencio de Vladímir Putin ha generado una ola de especulaciones sobre el verdadero estado de las relaciones diplomáticas entre Moscú y Caracas, especialmente después de que Rusia suministrara por décadas equipamiento militar a la nación caribeña.
Expertos internacionales sugieren que la falta de una respuesta contundente responde a una mezcla de incapacidad militar y conveniencia política. Mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso emitió un comunicado estándar de preocupación, la ausencia de una declaración personal del presidente ruso es notable. Este mudo gesto de Putin refleja, según analistas, que el apoyo ruso a Venezuela siempre tuvo un tinte más simbólico que práctico, dejando claro que Moscú no tiene la intención ni los recursos para desafiar el despliegue de fuerzas estadounidenses en el hemisferio occidental en este momento.
La debilidad de la defensa rusa frente a Washington
Uno de los puntos más críticos de esta situación es que la tecnología y los sistemas de protección suministrados por Rusia no pudieron evitar la incursión de las tropas norteamericanas. Históricamente, el envío de bombarderos estratégicos y armamento avanzado se interpretó como un escudo para el gobierno chavista, pero la realidad del 3 de enero demostró lo contrario. Esta nula reacción de Putin ante la caída de su aliado sugiere que Rusia ya había abandonado políticamente a Maduro antes de que ocurriera la intervención, priorizando su compleja relación con la administración de Donald Trump.

La situación en Ucrania juega un papel determinante en esta decisión de no intervenir ni criticar duramente a Washington. Moscú parece estar evitando cualquier confrontación directa que pueda arruinar posibles negociaciones o el papel de mediador que Estados Unidos ostenta en el conflicto europeo. Para muchos, el aislamiento de Vladímir Putin en este caso es una señal de que Rusia está concentrando todos sus activos en la guerra contra Ucrania, sacrificando sus piezas en el tablero internacional, como ya ocurrió anteriormente en regiones como Armenia o Siria.
Impacto económico y esperanza en territorio ucraniano
Desde Kiev, la perspectiva es de un optimismo moderado, ya que la caída de Maduro podría abrir las puertas a una normalización de la producción petrolera venezolana. Si Venezuela regresa plenamente al mercado internacional, los precios del crudo podrían bajar significativamente a nivel mundial. Esta consecuencia del desinterés de Putin por salvar a su socio beneficiaría directamente a Ucrania, ya que una reducción en los ingresos petroleros rusos debilitaría la capacidad de Moscú para financiar una guerra de larga duración y desgaste.






