
9 ENERO 2026-INTERNACIONAL- La disputa por el control de las tierras raras —minerales críticos para electrónica, industria automotriz y defensa mundial— ha entrado en una nueva fase con declaraciones fuertes de altos funcionarios estadounidenses. El asesor comercial de Donald Trump, Peter Navarro, afirmó recientemente que Estados Unidos está decidido a reducir la dependencia de China y, con ello, “poner fin al monopolio” que Beijing ha mantenido durante años en este sector estratégico.
China ha mantenido su dominio sobre el mercado de tierras raras durante décadas. Aunque Estados Unidos y otros países también cuentan con reservas y capacidades mineras, Beijing controla una proporción descomunal de la producción y el refinado global —cerca del 70 % de la minería y más del 90 % del refinado— lo que le da influencia sobre cadenas de suministro clave.

Frente a esa realidad, el gobierno de Estados Unidos ha empezado a actuar de varias maneras para debilitar la posición china en el mercado de tierras raras. Además de incentivar la producción interna, Washington ha firmado acuerdos estratégicos con aliados como Australia y Japón para asegurar suministros alternativos de minerales críticos y desarrollar infraestructura industrial conjunta.
Este impulso internacional se complementa con iniciativas del sector privado y del propio gobierno estadounidense, como incentivos financieros para empresas que desarrollan cadenas de suministro completas de tierras raras, desde la extracción hasta la producción de imanes necesarios en alta tecnología.

Las tensiones comerciales recientes entre Estados Unidos y China también han influido en la percepción del control sobre las tierras raras como una herramienta geopolítica. China ha tomado medidas como restricciones a las exportaciones en momentos de tensión, afectando industrias tecnológicas y de defensa de otros países y desencadenando respuestas diplomáticas y económicas.






