
Estados Unidos dejó claro que no hay un cambio de fondo en su política hacia Cuba, pero sí una posible flexibilidad limitada. La Casa Blanca anunció que evaluará de manera individual la autorización de buques petroleros que busquen abastecer a la isla, en medio de una de las crisis energéticas más severas de los últimos años.
La decisión surge tras permitir la llegada de un petrolero ruso, autorizado bajo argumentos humanitarios. Según la portavoz presidencial, esta excepción respondió a la necesidad urgente de aliviar las condiciones de vida del pueblo cubano, afectado por prolongados apagones y escasez de combustible.
Sin embargo, Washington subrayó que esta medida no implica un giro en su política de sanciones. Las autoridades insistieron en que cualquier nuevo envío será analizado “caso por caso”, dependiendo de factores legales, políticos y humanitarios, dejando abierta la posibilidad tanto de autorizar como de bloquear futuros cargamentos.
El contexto es crítico: Cuba ha pasado cerca de tres meses con importaciones mínimas de petróleo, lo que ha provocado racionamiento de gasolina y fallas constantes en el suministro eléctrico. Esta situación ha impactado gravemente sectores clave como el transporte, la salud y la economía en general.
Además, Estados Unidos reiteró que mantiene su derecho de interceptar cargamentos que violen las sanciones vigentes. No obstante, también se reserva la facultad de hacer excepciones cuando lo considere pertinente, lo que refleja una estrategia flexible, pero aún restrictiva frente al régimen cubano.






