
3 DE FEBRERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a encender el debate internacional tras realizar una serie de comentarios en tono de broma durante una cena de gala en el exclusivo club Alfalfa de Washington. Ante una audiencia compuesta por políticos y directivos de alto nivel, el mandatario republicano bromeó con la idea de expandir el territorio estadounidense, mencionando que Canadá podría convertirse en el estado número 51, Groenlandia en el 52 y Venezuela en el estado 53. Estas declaraciones, aunque hechas en un contexto informal, han generado diversas reacciones debido a la carga política que representan para la región latinoamericana y la soberanía de los países involucrados.
A pesar de que las palabras fueron pronunciadas en un ambiente jocoso, la mención de Venezuela como posible territorio anexado no pasó desapercibida para la comunidad internacional. El diario The Washington Post informó que el mandatario fue muy específico al enumerar el orden en el que, según su visión sarcástica, estas naciones se integrarían a la Unión Americana. Este tipo de comentarios refuerza la percepción de una política exterior que muchos consideran impredecible y que pone a prueba las relaciones diplomáticas con sus vecinos más cercanos y con socios estratégicos en otros continentes.
Reacciones internacionales y soberanía territorial
Ante la insistencia de Trump sobre la compra o anexión de territorios, el primer ministro canadiense, Mark Carney, y la mandataria danesa, Mette Frederiksen, emitieron un comunicado conjunto para poner límites claros. Ambos líderes ratificaron su firme respaldo a los principios de soberanía e integridad territorial, dejando claro que el futuro de regiones como Groenlandia es un asunto que compete exclusivamente a Dinamarca y a los habitantes de la isla. Esta respuesta busca frenar la narrativa de que el territorio es una mercancía bajo control estadounidense que puede ser adquirida mediante transacciones económicas o presiones políticas de seguridad.

Por su parte, el premier groenlandés, Jens Frederik Nielsen, fue mucho más crítico al advertir que estas intenciones de control no son nuevas, sino que persisten desde hace años. Nielsen señaló que el gobierno de Washington parece ver a la isla y a su población como objetos que pueden comprarse, utilizando argumentos sobre la amenaza de potencias como Rusia o China para justificar sus ambiciones. Para el líder local, este trato condescendiente es inaceptable y divisorio, especialmente cuando se ignora la autonomía que el territorio ártico ha construido legalmente desde que dejó de ser una colonia en 1953.
El contexto histórico y la seguridad nacional
Es importante recordar que Groenlandia, aunque es una parte autónoma del reino danés desde 2009, sigue manteniendo vínculos estrechos con Dinamarca para su defensa y política exterior. La insistencia en convertir esta zona en una extensión territorial de Estados Unidos responde, según Trump, a razones estrictas de seguridad nacional y control del Ártico. No obstante, las autoridades locales y europeas consideran que este enfoque ignora los derechos de autodeterminación de los pueblos y rompe con las normas básicas de convivencia diplomática que rigen actualmente en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).






