
27 DE MARZO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El sistema judicial de Estados Unidos enfrenta un reto inédito tras la segunda audiencia de Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores, en un tribunal federal de Nueva York. Ambos se presentaron vistiendo uniformes de reos ante el juez Alvin Hellerstein para discutir los procedimientos de su juicio por cargos de narcotráfico. El punto central del debate fue la negativa de la fiscalía a permitir que el gobierno venezolano costee los gastos legales de los acusados. Los abogados defensores argumentan que impedir el uso de estos fondos vulnera el derecho constitucional de los procesados, mientras que las autoridades insisten en que las sanciones vigentes prohíben cualquier movimiento de dinero desde Caracas para la representación legal del mandatario.
Durante casi una hora, el tribunal fue escenario de una discusión intensa sobre si se debe emitir una licencia especial para liberar recursos venezolanos. Los fiscales de Washington sostienen que la negativa se basa en razones de seguridad nacional y política exterior, bloqueando cualquier intento de utilizar bienes del Estado para la representación legal del mandatario. Por su parte, el juez Hellerstein recordó que el gobierno no debería interferir en la elección de los defensores, mencionando incluso que las relaciones comerciales entre ambos países han mostrado cambios recientes, aunque no tomó una decisión final de inmediato.
Condiciones de reclusión y estado de salud en el proceso
Además del conflicto financiero, la defensa expuso preocupaciones sobre el bienestar físico de los detenidos en la prisión federal de Brooklyn. En particular, el abogado de Cilia Flores solicitó formalmente que su clienta reciba una atención médica más rigurosa debido a una condición cardiaca preexistente que requiere monitoreo constante. Mientras se resuelve el tema de la asistencia jurídica de Maduro, los acusados permanecen bajo estrictas medidas de seguridad, enfrentando un proceso que ellos mismos han calificado como una situación de «prisioneros de guerra» tras su captura a principios de año.
El ambiente fuera de la sede judicial reflejó la polarización que genera el caso, con decenas de venezolanos acudiendo para atestiguar el proceso y grupos manifestándose en apoyo al dirigente. A pesar de la complejidad de los cargos, que incluyen conspiración y posesión de armamento pesado, el equipo legal busca asegurar los recursos necesarios para trabajar. Si no se autoriza el pago para la asistencia jurídica de Maduro, los abogados advirtieron que el caso podría verse comprometido, aunque el juez aclaró que un descarte total del proceso no es algo que vaya a ocurrir de forma inminente.
Postura de la Casa Blanca y antecedentes de los defensores
Desde Washington, el presidente Donald Trump ya ha emitido juicios de valor, afirmando que el acusado es culpable de haber vaciado prisiones y promovido el tráfico de drogas a gran escala. Estas declaraciones se dan en un marco donde la fiscalía detalla vínculos históricos con diversos grupos criminales y guerrillas entre 1999 y 2025. El equipo de defensa cuenta con figuras de alto perfil, como Barry Pollack, conocido por su labor en el caso de Julian Assange. Pollack ahora lidera la estrategia para garantizar la defensa legal de Maduro, buscando un desenlace que respete el debido proceso en territorio estadounidense.
La acusación formal presentada por el Departamento de Justicia sostiene que el gobierno de Maduro funcionó durante décadas como una estructura para proteger actividades ilícitas. Bajo esta premisa, el uso de fondos públicos para la defensa legal de Maduro es visto por los fiscales como una extensión del mismo sistema corrupto que intentan juzgar. El juez Hellerstein emitirá su fallo próximamente, una decisión que marcará el rumbo de uno de los juicios más mediáticos y políticamente sensibles en la historia reciente de las cortes de Nueva York.





