
Momentos de auténtico caos se vivieron a bordo de un vuelo comercial con destino a Cancún, luego de que una pareja protagonizara una violenta discusión que terminó en gritos, agresiones y la intervención directa de elementos de la Secretaría de Marina, provocando un retraso de más de 40 minutos en la salida de la aeronave.
De acuerdo con testimonios de pasajeros, el conflicto comenzó cuando un integrante de la tripulación rozó accidentalmente al perro que viajaba con la pareja, situación que desató una reacción desmedida e inmediata por parte de los dueños del animal, quienes comenzaron a reclamar de forma agresiva y alterada.
La discusión rápidamente subió de tono y pasó de los reclamos verbales a los insultos y empujones, generando un ambiente de tensión e incomodidad entre los pasajeros, muchos de los cuales intentaban calmar la situación sin éxito mientras el vuelo permanecía detenido.
Videos difundidos en redes sociales muestran escenas alarmantes dentro del avión: pasajeros de pie, gritos cruzados y un evidente descontrol que obligó a la tripulación a suspender el despegue por razones de seguridad, mientras el resto de los viajeros observaba con preocupación.
El momento más crítico ocurrió cuando uno de los involucrados arrojó un líquido, presuntamente una bebida caliente, hacia otros pasajeros, lo que detonó la indignación general y elevó el riesgo de que la pelea se saliera completamente de control.
Ante la gravedad de los hechos, se solicitó el apoyo de elementos de la Marina, quienes subieron a la aeronave para restablecer el orden. Su presencia marcó un punto de quiebre, aunque la pareja continuó mostrando resistencia y actitud desafiante.
Mientras las autoridades intentaban dialogar con los responsables, varios pasajeros comenzaron a gritar consignas como “¡ya bájense!”, “¡fuera del avión!” y “¡nos están retrasando!”, reflejando el hartazgo colectivo por el incidente y el tiempo perdido.
Tras varios minutos de tensión, los marinos finalmente lograron que la pareja descendiera del avión, escoltándolos fuera de la aeronave para evitar mayores riesgos y permitir que el vuelo pudiera continuar con el resto de los pasajeros.
Aunque el problema fue controlado, el daño ya estaba hecho: el vuelo acumuló más de 40 minutos de retraso, afectando los planes de decenas de personas que viajaban por vacaciones, trabajo o compromisos personales hacia uno de los destinos turísticos más importantes del país.






