
El Gobierno de República Argentina anunció este jueves 26 de marzo de 2026 que ha incluido al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en su registro oficial de organizaciones terroristas, una medida preventiva y simbólica con alcance político y operativo.
La decisión fue comunicada por la Oficina del Presidente argentino, encabezada por Javier Milei, y se formalizó a través de la publicación oficial del decreto que reconoce al CJNG como entidad terrorista. Según el texto del gobierno, la determinación se basa en “informes oficiales que acreditan actividades ilícitas de carácter transnacional, así como vínculos con otras organizaciones terroristas”.
El CJNG es uno de los grupos criminales más violentos y poderosos de México, responsable de una parte significativa del tráfico de drogas sintéticas y otros delitos a nivel internacional. Su designación como organización terrorista por parte de países como Estados Unidos ha contribuido a que gobiernos extranjeros, incluido el argentino, revisen su estatus legal y adopten medidas paralelas en su propio marco jurídico.
Con esta inclusión en el Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), Argentina ahora puede aplicar sanciones financieras, restricciones operativas y medidas de control más estrictas contra el CJNG y sus asociados, limitando potenciales flujos de dinero y capacidades logísticas dentro del territorio argentino.
La medida se da en un contexto de creciente coordinación internacional para combatir el crimen transnacional y el terrorismo, en el que países de la región han adoptado listados similares para otros grupos criminales y estructuras con vínculos con narcotráfico y violencia organizada.
Aunque la acción tiene un componente marcadamente político, también busca fortalecer la cooperación con socios estratégicos y responder, al menos en términos legales, a las demandas de seguridad interna y externa que plantea la presencia y expansión de redes criminales globales.
En respuesta a esta declaración, diferentes actores internacionales han observado el movimiento de Argentina como parte de un esfuerzo más amplio por redefinir el concepto de terrorismo en la región, integrando fenómenos del crimen organizado que trascienden fronteras y representan retos de seguridad compartidos.





