
Internacional, 27 de octubre de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó las elecciones presidenciales de Brasil como “fraudulentas” tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva el domingo pasado. Sin embargo, aseguró mantener una buena relación con el mandatario brasileño.
Trump expresó a la prensa que, aunque no tomó partido, la imagen del proceso electoral fue “pésima” y que las elecciones parecían “muy, muy corruptas”. Estas declaraciones se dieron antes de que abordara el Air Force One rumbo a Misisipi para un mitin electoral.
Por su parte, el vicepresidente electo de Brasil, Geraldo Alckmin, rechazó las acusaciones de Trump, calificándolas de “totalmente equivocadas” y recordó que no se debe interferir en la política de otro país. En entrevista con Rede Vanguarda, destacó que Brasil es un ejemplo mundial en seguridad electoral y que el proceso fue normal y democrático.
Rechazo y continuidad en negociaciones
Alckmin subrayó que, pese a las diferencias, el nuevo gobierno brasileño continuará las negociaciones comerciales con Estados Unidos. Además, resaltó el buen ritmo de las exportaciones y la apertura de mercados internacionales a través del Mercosur.
En las elecciones, Lula obtuvo un 52 % de los votos, derrotando a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien no reconoció la derrota y anunció que buscará anular los comicios ante la Justicia debido a la extensión del horario de votación.
El partido de Bolsonaro, el Partido Liberal, reconoció la victoria de Lula pero pidió aclarar los cuestionamientos planteados con transparencia y respeto a las instituciones.
Investigaciones y tensiones políticas
Flávio Bolsonaro enfrenta una orden judicial para entregar su pasaporte por sospechas de posible fuga, vinculada a investigaciones por lavado de dinero y financiamiento ilegal. La orden fue emitida por el juez Alexandre de Moraes, quien también dirige otras investigaciones contra el excandidato.
Estas tensiones políticas y judiciales ocurren en un contexto donde la victoria de Lula representa un revés para la influencia de Trump en Latinoamérica, quien había mostrado apoyo tácito a Bolsonaro y su familia durante su mandato.
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