
7 DE ABRIL DEL 2026 – INTERNACIONAL. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió nuevamente a la opinión pública internacional al asegurar que goza de una aceptación sin precedentes en territorio sudamericano. Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, el mandatario afirmó que sus niveles de aprobación superan a los de cualquier político local, bromeando incluso con la posibilidad de postularse a la presidencia en aquel país una vez que concluya su actual gestión. Esta lectura de la situación en Venezuela se da en un contexto de cambios drásticos tras la operación militar que resultó en el secuestro de Nicolás Maduro.
Trump destacó que la relación actual con Caracas ha pasado de la confrontación a una especie de sociedad forzada pero lucrativa para los intereses estadounidenses. Según sus declaraciones, el flujo de crudo hacia las refinerías de Houston ya ha superado los cien millones de barriles, una cifra que, según sus palabras, ha pagado con creces los costos de la intervención armada. Para el mandatario, esta nueva situación en Venezuela representa un éxito logístico y económico que utiliza como punto de comparación frente a otros conflictos internacionales, como el que mantiene actualmente con Irán.
Apertura económica y control de recursos
Tras la salida de Maduro del poder, la actual presidenta Delcy Rodríguez ha implementado una serie de reformas profundas que han transformado la situación en Venezuela en tiempo récord. Estas medidas incluyen la apertura total del sector de hidrocarburos a la inversión extranjera, una decisión que ha sido ampliamente elogiada por la administración de Trump. En menos de tres meses, Washington ha levantado gran parte de las sanciones energéticas, permitiendo que las empresas internacionales comiencen a planear la reconstrucción de la infraestructura petrolera del país.
Sin embargo, esta apertura no significa una independencia financiera total para el gobierno interino, pues el control de los ingresos sigue bajo estricta vigilancia externa. El petróleo que sale del país es supervisado por Washington, y los beneficios de estas ventas se depositan en cuentas bancarias fuera de ambos países. Este mecanismo busca regular el gasto público y asegurar que los fondos se utilicen según los acuerdos establecidos, marcando una situación en Venezuela donde la soberanía económica está estrechamente ligada a las directrices de la Casa Blanca.
Contraste con el conflicto en Medio Oriente
Trump aprovechó su intervención para diferenciar la actitud de los líderes venezolanos actuales de la que percibe en el gobierno de Teherán. Mientras que a los dirigentes iraníes los calificó de “fanáticos”, se mostró mucho más receptivo con la nueva dirigencia en Caracas, a quienes considera socios estratégicos en la región. Esta visión optimista de la situación en Venezuela se refuerza con su intención de aprender español, un gesto que, aunque expresado en tono de broma, subraya la importancia que le otorga al país caribeño en su agenda exterior.
A pesar del tono ligero y las bromas sobre su popularidad, el trasfondo de sus palabras revela una estrategia de control de recursos naturales a gran escala. La mención de que el petróleo venezolano “pagó de sobra por esa guerra” ha generado diversas reacciones sobre la ética de las intervenciones militares justificadas por beneficios económicos. Al final del día, la situación en Venezuela parece haber entrado en una fase de tutela internacional donde el crudo es la moneda de cambio para la estabilidad política y el levantamiento de las sanciones.













