
Ciudad de México, 7 de septiembre de 2026.- El matrimonio infantil continúa siendo una realidad en algunas comunidades indígenas de México, a pesar de su prohibición legal desde 2020. Leticia Xkon, originaria de Guadalupe Paxilá, municipio de Chilón en Chiapas, es una abogada indígena maya tseltal que lucha contra estas malas prácticas comunitarias.
Cuando tenía 15 años, Xkon fue casada por sus padres con un hombre dos años mayor, en una unión forzada que derivó en dos hijos. Aunque no pudo evitar ese matrimonio, huyó para evitar que otras mujeres vivieran situaciones similares. Su activismo le ha generado rechazo dentro de su propia comunidad, donde las tradiciones de “usos y costumbres” prevalecen.
La abogada explica que las mujeres indígenas enfrentan un doble desafío: por un lado, las normas comunitarias que perpetúan el machismo y, por otro, la realidad urbana que condena estas prácticas. Además, señala que cuando una mujer denuncia violencia, las estructuras sociales patriarcales suelen proteger al agresor y marginar a quienes defienden a las víctimas.
Matrimonio infantil y sus consecuencias en comunidades indígenas
El matrimonio infantil está prohibido en todo México desde 2020 y se castiga con penas de ocho a quince años de prisión. Sin embargo, en algunas comunidades indígenas estas uniones persisten, muchas veces sin consentimiento de las menores y bajo la justificación de tradiciones.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, mil 29 niñas y niños entre 12 y 14 años están casados o unidos, de los cuales el 79% son niñas. En la mayoría de los casos, ellas están unidas con hombres al menos seis años mayores, lo que refleja una dinámica de desigualdad y vulnerabilidad.
La lucha de Leticia Xkon contra las malas prácticas comunitarias
Leticia, también conocida como Xkon, trabaja para erradicar estas uniones forzadas y promover los derechos de las mujeres indígenas. Ella considera que estas prácticas no deben ser justificadas como “usos y costumbres”, sino reconocidas como violaciones a los derechos humanos.
Su labor busca abrir oportunidades para las nuevas generaciones y visibilizar las consecuencias del patriarcado en las comunidades indígenas. A pesar de enfrentar rechazo, su compromiso es firme para que las mujeres no sean sometidas a matrimonios impuestos ni a violencia dentro de sus propias comunidades.
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