
Ciudad de Mexico, 24 de julio de 2026.- La producción de Netflix para la segunda parte de la serie basada en “Cien años de soledad” ha recreado el pueblo ficticio de Macondo envejecido, reflejando su auge y decadencia junto con la familia Buendía. La construcción del pueblo se realizó en un terreno de más de 540 mil metros cuadrados en Alvarado, Tolima, Colombia, a unos 200 kilómetros de Bogotá.
El diseño de producción estuvo a cargo del mexicano Eugenio Caballero, ganador del Oscar por “El laberinto del fauno”, quien junto con Bárbara Enríquez trabajó para lograr que Macondo mostrara el paso del tiempo en sus calles, edificios y vegetación. Caballero explicó que la intención era transmitir visualmente la decadencia del pueblo y la familia, tal como lo narra Gabriel García Márquez en su novela publicada en 1967.
Entre los detalles que destacan en esta etapa están las casi 20 mil plantas que crecen en las calles y fachadas, algunas sembradas por la producción y otras que aparecieron de forma natural. Además, el pueblo ahora cuenta con hoteles, mercados, barrios, postes eléctricos, automóviles y construcciones que evidencian su evolución histórica.
La llegada del tren, un elemento clave en la novela, permanece detenido en las escenas, simbolizando la transformación que trae prosperidad y cambios a Macondo. La producción estudió la evolución urbana y arquitectónica de poblaciones colombianas entre 1850 y 1950 para reflejar con autenticidad la época, incorporando estilos coloniales, republicanos, art nouveau y art déco.
Juliana Flórez, productora ejecutiva de la serie, señaló que esta segunda parte es mucho más caótica visual y narrativamente, con la incorporación de elementos como la electricidad, la música y el movimiento vehicular. Además, alrededor del 85% del mobiliario utilizado es auténtico, lo que aporta realismo a las escenas.
Una de las innovaciones técnicas es la preparación de inundaciones escénicas en la casa de Petra Cotes y la Casa Buendía, donde el agua se elevará para cubrir muebles y habitaciones, recreando momentos clave de la novela. Este efecto se logró construyendo piscinas bajo los pisos para simular la entrada del agua durante el rodaje.
La evolución de Macondo en pantalla
El equipo de producción logró que Macondo no solo envejeciera en apariencia, sino que también reflejara un ecosistema vivo, con aves, mariposas y vegetación real que se ha asentado en el lugar. Los nombres de las calles rinden homenaje a la familia de Gabriel García Márquez, integrando así elementos personales del autor en el diseño del pueblo.
Un pueblo ficticio con historia tangible
La ambientación cuidada y la incorporación de detalles históricos y culturales permiten que Macondo, aunque ficticio, se perciba como un lugar con historia y vida propias. La serie busca así mantener la esencia de la obra original mientras muestra la transformación de un pueblo y sus habitantes a través del tiempo.
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