
El Gobierno de Brasil y China ha puesto sobre la mesa, por primera vez, la posibilidad de un acuerdo comercial de largo plazo con la potencia asiática. Esta decisión surge en medio de la presión que generan los aranceles impuestos unilateralmente por Estados Unidos, lo que ha obligado a reevaluar la estrategia económica de la mayor economía de Latinoamérica.
Según funcionarios del Ejecutivo brasileño, la apertura hacia China representa un cambio significativo respecto a políticas anteriores, en las que se priorizaba proteger la industria nacional frente al poder económico del gigante asiático. Ahora, la posibilidad de diversificar socios comerciales se vuelve crucial ante la reconfiguración del comercio mundial.
Negociaciones de largo plazo y desafíos
A principios de febrero, el presidente chino, Xi Jinping, junto con su homólogo uruguayo, Yamandú Orsi, señalaron la disposición de Pekín a abrir negociaciones de libre comercio con el Mercosur “lo antes posible”. La opción se ve plausible a largo plazo, no solo por los intereses de los países del bloque, sino también por la influencia que tienen los aranceles de EE.UU. sobre el comercio global.
El funcionario brasileño, que prefirió mantenerse en anonimato, aseguró que China está abierta a pactos parciales que protejan ciertos sectores de la economía, generando oportunidades de negociación “a conveniencia de ambos socios”. Sin embargo, recalca que el proceso es “altamente complejo” por las diferencias económicas y regulatorias entre Mercosur y China, incluyendo cuotas de importación, procedimientos aduaneros y normas sanitarias.
Nueva dinámica regional y obstáculos políticos
Expertos como Ignacio Bartesaghi destacan que la política comercial de Trump ha generado una nueva dinámica regional que obliga a los países sudamericanos a replantear sus estrategias. Aunque Brasil lidera la iniciativa, otros miembros del Mercosur presentan posturas distintas: Paraguay mantiene relaciones con Taiwán, lo que podría complicar un acuerdo con China, mientras que Uruguay ha mostrado disposición a estrechar vínculos. Argentina, por su parte, equilibra la política de EE.UU. con los beneficios de los préstamos chinos para su sector agrícola.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se enfrenta ahora al reto de posicionar a Brasil como un actor central en la región, buscando beneficios económicos sin romper relaciones estratégicas con Estados Unidos. La negociación con China sería inédita y podría marcar un hito en la política comercial de Latinoamérica.






