
11 DE FEBRERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. Gisèle Pelicot ha decidido romper el silencio a través de sus memorias, explicando las razones que la llevaron a pedir que sus audiencias no fueran privadas. En extractos publicados por el diario Le Monde, la mujer francesa reflexiona sobre el proceso legal que enfrentó tras las violaciones organizadas por su entonces esposo. Ella admite que, de haber sido más joven, probablemente no habría tenido el valor de enfrentar el escrutinio social, pero su edad le dio una perspectiva diferente para encarar este proceso judicial abierto.
El impacto de este caso ocurrido en Aviñón durante el año 2024 dio la vuelta al mundo debido a la gravedad de los hechos y la valentía de la víctima. Al rechazar las puertas cerradas, Gisèle permitió que la sociedad viera de cerca la realidad de los crímenes cometidos por decenas de hombres. Esta decisión de llevar un litigio de carácter público fue fundamental para exponer a los culpables, quienes aprovecharon la sumisión química de la mujer para agredirla durante años sin su consentimiento.
La lucha contra la vergüenza y el miedo a las miradas
En su libro titulado «Un himno a la vida», Pelicot confiesa que a sus setenta años la vergüenza se siente de manera distinta que en la juventud. Explica que a su edad ya no temía por su apariencia física ni por lo que los demás pudieran pensar de sus arrugas, lo que facilitó su postura en la audiencia con acceso libre. Para ella, el miedo a las miradas críticas de la sociedad, que tanto pesan sobre las mujeres, fue reemplazado por una necesidad de justicia y de no esconder la verdad detrás de muros cerrados.
A pesar de su determinación, la autora relata que sentía un sentimiento confuso antes de que iniciara el juicio en la corte. Aunque deseaba confrontar a su exmarido, sentía un temor natural ante la gran cantidad de hombres acusados que estarían presentes. Sin embargo, se dio cuenta de que mantener el debate legal de forma pública era la única manera de no proteger a los agresores, evitando que la cobardía y el desprecio de estos hombres quedaran ocultos bajo el secreto de un juicio privado.
Un símbolo de resistencia contra la sumisión química
Gisèle también narra el doloroso momento en que descubrió las pruebas de los abusos en la comisaría, donde vio imágenes de sí misma en un estado vulnerable. Se describe como una «muñeca de trapo» en aquellas fotografías, lo que reforzó su deseo de que el mundo conociera su historia a través de una causa penal transparente. Esta crudeza en su relato busca generar conciencia sobre el uso de sustancias para anular la voluntad de las víctimas, un tema que antes se trataba con demasiada discreción.
Gracias a su firme actitud y a su exigencia de que el juicio fuera visible para todos, Pelicot se ha transformado en un símbolo mundial de la lucha contra la violencia de género. Su libro, que se publicará el 17 de febrero en 22 idiomas, promete ser una herramienta para que otras mujeres pierdan el miedo a denunciar. Al elegir un examen jurídico a la vista de todos, ella logró cambiar la narrativa del dolor por una de poder y transformación social, inspirando a millones en el proceso.






