
El silencio que se apoderó de los ejidos Transporte Durango y San Ramón, en el municipio de Gómez Palacio, fue el primer indicio de una tragedia que conmocionó a toda la comunidad. Donde antes se escuchaban ladridos y juegos, la mañana del viernes amaneció marcada por la ausencia y el dolor.
Entre las 8:30 y las 10:30 de la mañana, vecinos comenzaron a encontrar a sus perritos muertos, uno tras otro, víctimas de un envenenamiento masivo que, con el paso de las horas, cobró la vida de más de 14 animales. La escena se repitió en distintos puntos de ambos ejidos, generando consternación colectiva.
Conforme avanzaba la mañana, los reportes se multiplicaron. Habitantes del ejido Transporte Durango, colindante con San Ramón, relataron que para el mediodía prácticamente ya no quedaban perros con vida en la zona, lo que dejó una profunda sensación de impotencia.
La tragedia no solo afectó a los dueños de las mascotas, sino a toda la comunidad, que reconocía en los animales un elemento esencial de convivencia y seguridad durante las noches.
Envenenamiento masivo afectó a perros conocidos por la comunidad
Horacio Vázquez, vecino del lugar, relató que dos de sus mascotas fueron de las primeras víctimas. Un pastor belga y un labrador amanecieron con síntomas claros de intoxicación y murieron poco después, al igual que otros perros del vecindario.
En su domicilio localizó un pedazo masticado de cebo con veneno, junto a los cuerpos de Koda, de apenas dos años, y de Balu, con espuma saliendo de sus hocicos. La escena confirmó las sospechas de un envenenamiento masivo premeditado.
De acuerdo con los vecinos, los perros no eran agresivos y cumplían una función importante dentro del ejido, ya que alertaban sobre la presencia de personas ajenas durante la noche, contribuyendo a la seguridad comunitaria.
Envenenamiento masivo generó impacto emocional y alerta sanitaria
El impacto emocional fue inmediato, especialmente entre los niños. Juan Carlos Martínez, director de la escuela primaria Lázaro Cárdenas, informó que varios alumnos llegaron a clases visiblemente tristes al enterarse de la muerte de sus mascotas.






