
3 DE FEBRERO DEL 2026 – INTERNACIONAL. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sacudido nuevamente el sector educativo al anunciar que su administración reclama un pago de mil millones de dólares a la Universidad de Harvard. Según el mandatario, esta suma se exige por concepto de daños y perjuicios contra el gobierno, elevando drásticamente la cifra de una disputa que anteriormente se estimaba en 200 millones. Trump utilizó sus redes sociales para desmentir los informes de prensa que sugerían un posible retiro de la demanda, dejando claro que su postura ante la prestigiosa institución es ahora más severa que nunca.
La declaración surge en medio de un fuerte enfrentamiento entre la Casa Blanca y las universidades de la Ivy League. El presidente acusó directamente a Harvard de ser una institución con posturas antisemitas y de estar proporcionando información falsa a medios de comunicación como el New York Times. Este reclamo por perjuicios económicos y morales marca un punto de no retorno en la relación entre el Estado y la universidad, con el mandatario afirmando que no desea mantener ningún tipo de vínculo futuro con el centro de estudios ubicado en Massachusetts.
Acusaciones de antisemitismo y ataques a la prensa
En su mensaje, Trump no escatimó en críticas, calificando al diario neoyorquino como un «fracaso» y acusándolo de trabajar en conjunto con la universidad para difundir mentiras sobre las acciones del gobierno. El mandatario sostiene que la institución ha permitido un ambiente de hostilidad en sus campus, lo que justifica la millonaria cifra solicitada por daños a la nación. Aunque no se detallaron los puntos técnicos que originaron el cálculo de los mil millones, la retórica presidencial sugiere que se trata de una medida correctiva ante lo que considera una falta de valores en la educación superior.

Este nuevo ataque se suma a la estrategia de la actual administración por utilizar los fondos federales como una herramienta de presión política. Trump ha sido enfático en que las instituciones que reciban apoyo económico del gobierno deben alinearse con ciertos estándares de conducta y transparencia. Para la Casa Blanca, Harvard ha fallado en estos compromisos, convirtiéndose en el principal blanco de una campaña que busca reformar el sistema universitario bajo el argumento de combatir ideologías que el presidente considera perjudiciales para el país.
El conflicto por los fondos federales
La disputa no es solo verbal, sino que tiene un trasfondo financiero muy real que ha escalado durante el último año. El gobierno ya había intentado congelar más de 2,200 millones de dólares en subvenciones destinadas a la investigación médica y tecnológica en Harvard. Ante esta situación, la universidad ha respondido con sus propias medidas legales, alegando que el recorte de estos recursos federales por daños es una violación a la libertad académica y un intento de control ideológico ilegal por parte del poder ejecutivo.
A pesar de que algunos tribunales han bloqueado inicialmente los recortes de fondos, el anuncio de Trump de reclamar mil millones de dólares eleva la tensión a niveles judiciales sin precedentes. La universidad, que cuenta con uno de los fondos de reserva más grandes del mundo, se encuentra ahora ante el reto de defender no solo su presupuesto, sino su autonomía frente a un gobierno que parece decidido a llevar la batalla legal hasta las últimas consecuencias, afectando potencialmente la matriculación de estudiantes y proyectos científicos de largo alcance.






