
Esta mañana se celebró la misa de cuerpo presente de Monseñor Pedro Pablo Elizondo en la Catedral de Cancún, un acto solemne que reunió a cientos de fieles, sacerdotes y autoridades eclesiásticas que acudieron para despedir al primer obispo de la Diócesis Cancún-Chetumal. El ambiente estuvo marcado por el silencio, la oración y muestras de profundo respeto.
Desde temprana hora, la Catedral comenzó a recibir a personas de distintas partes del estado, muchas de ellas que conocieron de cerca la labor pastoral de Monseñor Elizondo. Algunos feligreses portaban rosarios, fotografías y veladoras, mientras otros aguardaban en el exterior para ingresar y rendirle homenaje.
Durante la ceremonia religiosa, concelebrada por varios sacerdotes y obispos invitados, se recordó la trayectoria de Monseñor Pedro Pablo Elizondo como un hombre cercano a la gente, comprometido con la evangelización y con un fuerte sentido social. En la homilía se destacó su entrega al servicio de la Iglesia y su papel fundamental en la consolidación de la vida eclesiástica en el norte y sur de Quintana Roo.
Monseñor Elizondo fue nombrado primer obispo de la Diócesis Cancún-Chetumal, cargo desde el cual impulsó la creación de parroquias, el fortalecimiento de comunidades y la formación de nuevos sacerdotes. Su liderazgo fue clave en una etapa de crecimiento acelerado del estado, acompañando espiritualmente a miles de familias.
Autoridades eclesiásticas reconocieron su visión pastoral y su capacidad para tender puentes de diálogo, así como su compromiso con los más vulnerables. Feligreses expresaron palabras de gratitud por su cercanía, su sencillez y el acompañamiento que brindó en momentos difíciles para la comunidad.
Al finalizar la misa, el féretro fue despedido entre aplausos y oraciones, en un gesto de reconocimiento a su legado espiritual. Para muchos, la partida de Monseñor Pedro Pablo Elizondo representa la despedida de un pastor que dejó huella profunda en la historia religiosa de Quintana Roo y en la vida de quienes lo conocieron.






